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16 de agosto de 1968
Doctor León Grinberg
Pueyrredón 2395
Buenos Aires.
Querido León:
El último número de la Revista me inspira a escribirte, en primer lugar para felicitar a ti y a tus colaboradores por vuestras contribuciones. Después de haber, por así decirlo, ofrecido mi desafío en 1946 y luego en los años siguientes, yo mismo reaccioné con una considerable nostalgia, al recordar mis primeras conversaciones con Freud y otros. No hay nada mejor que un modelo (cliché) para despertar la imaginación, y yo había dado al mundo psicoanalítico una belleza —la pantalla del sueño. Sobre ésta, la imaginación se manifestó muchas veces bajo la forma de asociación libre. También introduje otro término con capacidad de modelo (cliché) —el sueño en blanco (blank dream)— que llevó a Garma y a otros a postular sueños de blancura y sueños blancos debido a peculiaridades lingüísticas del castellano y del francés. Hubiera preferido hablar del sueño nulo (“null” dream), pero allí está —blanco (blank). De cualquier manera, y como tú sabes, debí “reconsiderar” y tratar de agudizar ese conglomerado, pero para el sueño no proyectado, no podía hablar del sueño no blanco (blankless dream), y debí admitir los sueños borrosos y sin pantalla, sueños de prepantalla, tal como René Spitz intentó denominarlos.
Tengo una enorme cantidad de cartas, notas, etcétera, que recibí en respuesta a las palabras estímulo, y me causó gracia leer el comentario satírico del doctor Rodrigué sobre el pizarrón de los negros. En realidad, la pizarra y el pizarrón pueden aparecer en los sueños como elementos que simbolizan el dormir o el pecho. Si volviera a escribir sobre el tema, prestaría más atención a Silberer y consideraría que los “símbolos” (en el sentido de Silberer) tales como el de la pizarra tienen valores dobles (véase la idea de Kubie retomada por Rycroft del doble origen); y en aquellos casos en que la pantalla, etcétera, significa dormir, se trataría de una especie de fenómeno funcional (Silberer) que le