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Es un libro valioso científica y artísticamente. Con un estilo sencillo y preciso condensa los veintiséis años de experiencia psicoanalítica de la autora. Es además un libro necesario, porque si bien existen otros que exponen el significado de los juegos que transcurren durante el tratamiento psicoanalítico de niños, no había ninguno referente a los juegos cotidianos de los niños, tal como se desarrollan en el transcurso de las diferentes edades.
La autora nos introduce en lo que es la vida mental de un niño hasta la aparición del primer juego, el del escondite, que se presenta ya a los cuatro meses de edad y que está en relación con el desprendimiento de la madre. Recuerda el juego del carretel, estudiado por Freud en Más allá del principio del placer, y lo relaciona con la primera separación, el nacimiento.
Bajo el epígrafe “De su cuerpo salen sonidos”, que son los del laleo, la autora examina luego el sonajero, instrumento también sonoro, como lo es el cuerpo de la madre, y que el niño introduce en su boca, como al pecho materno, y con el que tiene una relación de trato y maltrato, en que él reproduce lo que hace con su madre y consigo mismo.
A los seis o siete meses el niño se encuentra en la fase genital previa, descubierta psicoanalíticamente por la autora. Desde ese momento sus juegos se vuelven más genitales. A pesar de la bisexualidad, se manifiesta también la diferencia de sexos: “la niña prefiere depositar sus objetos en un hueco… en cambio el varón elige aquellos juguetes con los que puede penetrar”.
AI varón y a la niña les interesan también las heces y la orina y lo que las representa, como el agua, la tierra o la arena. Son manejadas por ellos ambivalentemente. Les sirven para crear diversos objetos, lo que los hace fecundos, como lo es el vientre materno. Fantasías despertadas por ese vientre hacen que el niño busque los tambores, los globos o las pelotas que luego adquieren para él otros significados y lo conducen a los juegos de las bolitas, el balero