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Este trabajo corresponde a la serie de lecturas realizadas en el aniversario de Freud, en la Academia de Medicina d Nueva York (1963).
No es fácil describir la naturaleza de lo bello en términos psicoanalíticos. Originalmente consiste quizá en una experiencia sensual, una excitación sexual restringida.
El autor revisa las contribuciones psicoanalíticas básicas, examina el alcance de su aplicación y sus posibles generalizaciones. Las más simples formas de belleza las ofrecen ciertas configuraciones o gestalten, placenteras ordenaciones de colores y formas o de su secuencia en el tiempo. Un primer acceso radica en verlas como patrones de tensión y descarga. Freud pensaba al principio que “un sentimiento de tensión necesariamente implica displacer” (1905). Trató de distinguir entre placer inicial y placer final. Más tarde sugirió que la velocidad de cambio podía ser decisiva (1920). Pero sostuvo que “la exacta naturaleza de esta función es todavía desconocida” (1924). Cualquiera que fuese, la relación de placer y tensión cambia con la experiencia. Esto lo llevó a formular la teoría de una permanente lucha entre una expansiva búsqueda de tensión (instinto de vida) y otra restrictiva, reductora de tensión (instinto de muerte). Los adultos experimentados tienden a prolongar y variar las formas de placer; en esto estriba el arte de amar, una de estas modalidades de expresión del placer.
El patrón básico del desarrollo del gusto puede ser visto como cambio siguiendo la atracción de lo placentero. Según Freud, el arte reconcilia los dos principios, el del placer y el de la realidad, de un modo peculiar. El psicoanalista advierte, junto a la parte manifiesta del placer artístico otra, latente, aunque más poderosa, que deriva de profundas fuentes instintivas. El arte constituye una región en mitad del camino entre deseos frustrados y mundo imaginario, donde los intentos del hombre primitivo por conservar la omnipotencia permanecen en toda su fuerza (1913). Una década después seña