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Debemos agradecer a la doctora Bisi un trabajo que nos invita a actualizar y formular de nuevo nuestras ideas sobre las perversiones. La doctora Bisi no pretende llegar a una teoría general de las perversiones y considera que sus conclusiones son valederas sólo para el fetichismo, la homosexualidad activa y pasiva, el voyeurismo y el exhibicionismo, en el hombre. Se podría discutir esta limitación, haciendo notar que por lo menos algunas de las características descritas son consideradas por otros autores como valederas para la perversión en general: los trabajos de Gillespie 2 a,b, por ejemplo, hablan del funcionamiento del Yo en dos niveles clivados, considerándolo como característico de todas las perversiones. Asimismo, creo que muchos aspectos descritos por la doctora Bisi y con los cuales concuerdo, se pueden ver bastante exactamente en la perversión femenina, especialmente en la homosexualidad. Este punto nos llevaría a examinar el problema, entre otros, de la existencia de perversiones en la mujer y de por qué se ha podido poner en duda esta existencia. Pero no podemos reprochar a la doctora Bisi una prudencia que le impide hacer inferencias más allá de lo abonado por una experiencia clínica muy extensa y específica.
Voy a limitar mis comentarios a dos puntos ampliamente desarrollados en el trabajo: el estudio de la fantasía inconsciente y de las imagos internas de los perversos, tema más directamente clínico; y la hipótesis propuesta por la doctora Bisi de una “posición” perverso-polimorfa.
La descripción de las imagos internas de los perversos corresponde, como lo señala la doctora Bisi en una cita de Freud, a constelaciones típicas. Es importante la advertencia hecha en el inciso d) “Los objetos pervertizantes y la realidad”, de que estas imagos no son meras reproducciones de los padres reales, y de que la fantasía inconsciente, que a veces retiene y refuerza las experiencias reales, puede también distorsionarlas de un modo radical.