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Se trata de una importante contribución hecha por una distinguida colega que ha dedicado varios trabajos y largos años de estudio a los problemas de la perversión. El trabajo está escrito con gran lucidez y un acabado conocimiento de los datos clínicos, al tiempo que la presentación de tres casos de perversión resulta sumamente interesante y detallada.
Este comentarista se ve frente a un difícil problema, ya que su opinión, o más bien sus supuestos básicos, difieren de los de la autora. La doctora Bisi sigue a Paula Heimann, quien ha postulado la existencia de una etapa perverso-polimorfa entre la segunda etapa oral y la primera etapa anal. La tesis básica del trabajo sugiere que este núcleo permanece en el inconsciente de todos los individuos pero, en algunos de ellos y debido a diversas circunstancias particulares, surge como la principal, constelación que interfiere el desarrollo psicosexual normal.
Como ya señalé, el material clínico es de sumo interés y muy esclarecedor.
Las premisas de la autora están arraigadas en conceptos kleinianos que se dan por sentados y cuya validez nunca se discute, por lo cual este comentarista se ve llevado una y otra vez a cuestionar la validez de tales premisas básicas. Unos pocos ejemplos bastarán para ilustrar esta situación. La doctora Bisi afirma que, durante el período perverso-polimorfo que ubica en la temprana infancia, existe una confusión entre las zonas erógenas a través de las que el individuo intenta restablecer su vinculación con el objeto. Mi objeción y, supongo, la de todo psicoanalista freudiano, sería