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Quisiera decirles unas pocas palabras finales acerca de lo que esta activa e interesante visita ha significado para mí. Aquí, frente a ustedes, siento que me encuentro en un lugar donde cuento ya con muchas amistades, que he establecido con varios de los presentes no sólo durante mis dos visitas a esta ciudad, sino en muchas reuniones previas en otros lugares. Utilizo la palabra “amistad” deliberadamente y con un significado especial. Quizás recuerden que, en un trabajo que escribí hace algunos años titulado “Sobre la amistad”, extrapolé una serie en la que establecía una diferencia entre “amistoso”, “amigo” y “amistad”. Cuando digo ahora “amistad” utilizo esa palabra en un sentido técnico y literal: me refiero al extremo de ese espectro y a las más profundas relaciones dentro de esa serie.
No resulta tarea fácil resumir o circunscribir ciertas cosas al cabo de esta atareada semana, no sólo desde el punto de vista del volumen sino también de la calidad de la experiencia. Y, sin embargo, siento el impulso —y percibo que se trata de un deseo que también ustedes experimentan— de compartir mis impresiones o reflexiones con ustedes en este momento, aunque sea de la manera más espontánea, incompleta e informal. Desde ya, percibo que lo difícil y lo importante, como sucede con una sesión analítica, consiste en primer lugar en superar los múltiples detalles y eliminar todo lo que sea fortuito e incluso trivial,