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Desde hace una década se conoce que el soñar está relacionado con un tipo de dormir caracterizado brevemente por un electroencefalograma de voltaje bajo y que carece de las “husos del dormir” o complejos K.
Los cambios neurofisiológicos que tipifican el dormir con movimientos rápidos de los ojos incluyen activación cerebral que afecta, por lo menos, la neocorteza, ciertos núcleos de conexión sensorial específicos y el sistema límbico y que requiere la participación activa de estructura del tronco cerebral, que abarca un área protuberancial reducida (el núcleo reticular de la protuberancia caudal y el nucleus coeruleus). Este estado ha sido llamado dormir REM, estadio I del dormir REM, dormir desincronizado, dormir paradójico y dormir rombencefálico.
Después de la infancia, el dormir de los sujetos normales empieza siempre con un estado que es cuantitativamente diferente del dormir REM. Siguiendo criterios electroencefalográficos, es divisible en los estadios I a IV de la clasificación de Dement y Kleitman. Los estadios III y IV son considerados a menudo conjuntamente como el “dormir de andas lentas”. Los estadios de I y II como el dormir no REM; en éstos solamente se recuerdan sueños en un 5 al 10 por ciento de los despertadores.
Los correlatos fisiológicos del dormir no REM incluyen una disminución de la actividad del sistema reticular activador existente en el tronco cerebral (de lo que resultan en el EEG las ondas lentas de origen cortical y la sincronización de conexiones inespecíficas talamocorticales (que son responsables de los husos en el EEG del dormir). El dormir no REM ha sido, por lo tanto, calificado como un dormir encefálico o sincronizado.
La enuresis, el sonambulismo, el terror nocturno y las pesadillas ocurren durante el despertar del dormir de ondas lentas más bien que durante el período REM o durante el despertar de este período. Además, dichos comportamientos se asocian con movimientos corporales y los siguientes seis síntomas: 1) confusión mental y