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Este trabajo, que tiene las características de un informe preliminar, está basado
en las observaciones realizadas (durante un año) en la cárcel de mujeres de la ciudad de México.
La conclusión fundamental es que en los casos de homicidio o en las acusadas por lesiones graves, se advierte que el factor psicológico determinante para llevar a cabo la acción ha sido un profundo sentimiento de injusticia sufrido por la victimaría, de intensidad y duración variable, que a la postre determinó la muerte o la agresión armada de quien lo provocó.
Se destaca que en todos los casos estudiados este factor apareció durante la niñez. Otro dato significativo es que en su infancia, estas mujeres fueron maltratadas y golpeadas, sufrieron situaciones humillantes de parte de los padres o personas encargadas de su cuidado, e inclusive, en la mayoría de los casos, habían sufrido entre los cuatro y los seis años el abandono de alguna de las figuras parentales, ya sea por muerte o por abandono del hogar.
Otro dato es que con frecuencia estas mujeres presentaban en su infancia un predominio de la actividad motriz.
Además, la irresponsabilidad, la movilidad o las travesuras de la niña fueron vividas por los padres como actitudes injustas de la hija, y se sentían “víctimas” de su proceder. Ellos la hicieron sentir “mala”, y respaldaron este concepto con actitudes físicas y emocionales. Desde un principio estas niñas fueron señaladas como “victimarios” de sus padres. Eran consideradas como “la oveja negra de la familia”.
El factor desencadenante del acto criminal —en todos los casos examinados— ocurrió ante la inminente pérdida del objeto amoroso, vivido como una terrible (e irreparable) injusticia, lo que producía en estas mujeres un intenso odio cuya expresión no podía ser controlada, y en consecuencia era descargada por la vía motriz, a la manera de los viejos patrones de conducta empleados por las figuras parentales, y generaba el acto homicida.
Tanto en estas observaciones como en la descripc