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Sin duda, Angel Garma es la persona en el mundo que más ha estudiado la úlcera gastroduodenal en sus aspectos psicosomáticos: por el análisis de muchos ulcerosos y por su información exhaustiva acerca de todos los experimentos de orden fisiopatológico, estadístico, etcétera, que se realizaron hasta la actualidad sobre el tema. Por esto las conclusiones vertidas en este libro me parecen sumamente dignas de atención.
El libro se dirige no a un público especializado de médicos o psicoanalistas, sino a un público mucho más amplio —quizá, sobre todo, a los ulcerosos mismos—, lo que me parece uno de sus valores más relevantes. ¿Usted tiene úlcera? Pues conversemos. Cualquier persona culta lo puede entender, lo que no quita que los especialistas deban sacar de él su cosecha.
Empieza por la ficción: el análisis de una novela de Zunzunegui, La úlcera, que relata el ciclo vital de un protagonista y su desenlace en la producción de una úlcera. Esto introduce un hecho fundamental: no todas las personas enferman de úlcera, pero todas las que sufren de ella viven en un ambiente hostil, real o subjetivamente, que exige de parte de ellas esfuerzos desmedidos.
La ficción novelesca, curiosamente, llega a las mismas conclusiones que los experimentos fisiológicos realizados por Wolf y Wolf, S. Margolin y otros, sobre la influencia directa de los estados emocionales sobre el comportamiento de la mucosa gástrica. Y coincide también con estudios psicológicos y psicoanalíticos sobre la personalidad de los ulcerosos. Como, según Freud, los histéricos “sufren de recuerdos”, así los ulcerosos sufren de emociones. No simplemente angustia crónica, sino emociones mucho más específicas.
Para entenderlas más cabalmente se hace necesario el estudio de la forma en que un lactante vive su relación con el pecho nutricio de la madre, y de cómo toda situación se traduce, para él, en términos de gratificación o de frustración alimentaria. Lo que justifica a Garma para hablar de regresión oral-digestiva en la