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El autor comienza diciendo que todavía no ha sido desarrollada una teoría psicoanalítica de la adolescencia.
Para Bernfeld, la adolescencia es el resultado de los intentos que hace el niño, en la mente y en la conducta, para adaptarse a los cambios que le produce la irrupción brusca de libido que significa la pubertad. En consecuencia, como hay diferentes caminos para adaptarse, existen diferentes tipos de adolescentes.
Lo que define la modalidad de adaptación está determinado por la historia previa del sujeto, razón por la cual destaca la importancia de las condiciones que pueden favorecer o prevenir el desarrollo de tipos patológicos.
Las variaciones posibles entre los diferentes tipos son muy grandes. Podrían considerarse dos factores de influencia constantes, el biológico por una parte, y el medio por otra. Las variaciones impuestas por factores culturales son muy grandes pero en ciertos puntos hay bastante acuerdo, como por ejemplo el rechazo de los adultos hacia la permisividad de la vida sexual en los adolescentes.
En términos extremos, el autor describe dos tipos de adolescente: “el rebelde” (—) y “el sumiso” (+), entre los cuales hay una amplia gama de variaciones posibles denominadas “mixtas”.
El adolescente rebelde no acepta este freno cultural a su sexualidad y trata de llevarla a cabo cuando psíquicamente está en condiciones de hacerlo o aún antes.
En cambio, en el caso del sumiso, el proceso puberal pasa casi inadvertido. Puede notarse en ellos una tendencia a presentar síntomas de ansiedad neurótica o histérica, así como períodos breves de inquietud que acompañan o preceden a la formación de síntomas. A pesar del desarrollo intelectual, permanecen siendo infantiles, inclusive físicamente, a diferencia de los otros, que cambian constantemente.
Bernfeld destaca una importante diferencia entre los “tipos extremos” (rebelde y sumiso) y los “tipos mixtos”. Mientras aquéllos tienen en común el no experimentar conflictos internos (producto de la lucha entre Yo y Su