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Según Freud, “en último término los sueños no son más que una forma especial de pensar que se posibilita por las condiciones específicas del estado del dormir. El trabajo del sueño es el que crea dicha forma especial” (Interpretación de los sueños, S. E., IV-V, páginas 506-507). Según W. W. Meissner, esta forma depende y se realiza
a través de determinados comportamientos neurofisiológicos, los que son usados por el trabajo del sueño.
Considerado de un modo primario, el estado REM (estado de movimientos oculares rápidos, durante el cual ocurre el soñar) no es un funcionamiento consecutivo a mecanismos psicológicos. Más bien primariamente es un estado del organismo que tiene una base biológica y que está determinado fisiológicamente.
La actividad REM es un fenómeno propio de los mamíferos. Según Synder realiza una función de “centinela” o vigilancia. La actividad REM abarca más que la actividad del soñar. Provoca un condicionamiento fisiológico que afecta los procesos cognitivos. El soñar es un paraproducto de ese estado fisiológico.
Durante los períodos REM se activan núcleos importantes existentes en la formación reticular mesoencefálica protuberancial: los núcleos caudales de la protuberancia. Estos núcleos ocasionan simultáneamente una actividad theta en el hipocampo y una desincronización de la corteza. Aquellos circuitos pueden ser designados como los circuitos septohipocámpicos. Tienen conexiones múltiples que Nauta ha designado como “el sistema límbico del cerebro medio”. Dichos circuitos actúan de un modo máximo en situaciones de adaptación, cuando las respuestas del organismo son más o menos dependientes de la recepción estimulante (input dependent, los denomina Meissner).
La recepción exógena está disminuida durante el dormir. Entonces la activación de estos circuitos debe ser endógena, dependiente del mecanismo instintivo. A favor de ello habla el hecho de que la erección fálica es un acompañante regular del período REM.
G. S. Klein sugiere que el sueño tien