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Constituye sin duda un gran honor el hecho de que destacados colegas hayan atribuido suficiente importancia a mi trabajo como para que se lo incluya en calidad de artículo comentado, y que distinguidos críticos se hagan cargo de dichos comentarios. Agradezco la oportunidad de contestar a sus reflexivas y perspicaces observaciones y preguntas.
En nuestros esfuerzos mutuos por establecer áreas de comunicación significativa entre los puntos de vista de diversas escuelas de psicoanálisis, las áreas donde resulta más factible entenderse y plantear posibles modificaciones de la teoría y la técnica, son los estudios y análisis de niños y de los pacientes cuyos trastornos psicopatológicos se encuentran dentro del espectro que se extiende entre los trastornos transferenciales y los narcisistas. Como señaló hace poco Rangell (1969), debemos tratar de evitar la situación en la que diversos aspectos de la teoría, la formación y la práctica psicoanalíticas adquieren una autonomía secundaria que es susceptible de muy poca modificación.
Estoy totalmente de acuerdo con el doctor Paz en el sentido de que sería mejor que los comentaristas y yo pudiéramos reunirnos para conversar sobre los diversos problemas. Al mismo tiempo, nuestros comentarios caen sobre un terreno que ya ha sido arado y sembrado. Señalaré tan sólo el creciente interés demostrado en los congresos panamericanos y la frecuencia cada vez mayor de visitas entre analistas representantes de América del Norte y América del Sur. Además, este trabajo ha sido presentado antes y comentado por miembros de todos los grupos psicoanalíticos de América del Sur, exceptuando el del Uruguay.
Me honra incluir entre mis amigos personales al doctor Garma y al doctor Paz, cuya labor conozco muy bien. El doctor Knobel y yo hemos tenido ocasión de conocernos y me he sentido impresionado por su agudeza, su cordialidad y su calidez. Lamentablemente, conozco al doctor Polito sólo a través de su excelente reputación y de un único artículo (1963).