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Las experiencias de supervisado, así como las de supervisor suelen ser enriquecedoras, entre otras razones, porque permiten diseñar un panorama global diagnóstico y pronóstico a partir de la estructura del mundo interno del paciente y de la de sus esquemas repetitivos básicos y, simultáneamente, encarar mejor problemas de nivel estratégico (no sólo técnico) y por ende de planificación terapéutica al evaluar más objetivamente los recursos con que cuentan el paciente y el analista para enfrentar con éxito un tratamiento analítico.
Tales experiencias me motivaron a realizar esta contribución para la construcción de una ficha resultante de la aplicación a las clínica de las ideas desarrolladas en el artículo “Las relaciones objetales y la simbolización de la angustia”, donde analicé la forma como el Yo clasifica, el universo de sus relaciones objetales (continentes y no continentes) al correlacionarlo con la clasificación del universo de sus angustias (aniquilantes y no aniquilantes). Una sistematización psicoanalítica de la personalidad puede resultar de utilidad para la función sintética del Yo del analista y que le permitiría a éste “establecer y conservar unidades [de comprensión] cada vez mayores” (Freud 15, pág. 72) respecto a sus pacientes y, por lo tanto, no “cargar” cuantitativamente su aparato psíquico con las incoherencias y disociaciones que le identifican proyectivamente aquéllos sino aliviarse al poder “contenerlos” cualitativamente como totalidades, por ejemplo, en fichas clínicas que consignen la organización básica del mundo interno y de los sistemas defensivos típicos y repetitivos de cada paciente así como su evolución progresiva o regresiva.
Además, este tipo de sistematización, efectuado a posteriori de la experiencia clínica, podría redundar en una mayor eficacia del tratamiento analítico y en una menor iatrogenia del mismo tanto para el paciente como para el analista. Por un lado, les economiza a ambos ansiedades no terapéuticas