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En 1964, a 2000 alumnos de una escuela primaria de un distrito suburbano de una populosa ciudad norteamericana se les aplicó un test estandarizado de inteligencia, el Test de Habilidad General, de Flanagan. Previamente se envió una circular a todas las maestras de la escuela en la que se les hacía saber que se aplicaría a los niños el “Harvard Test of Inflected Acquisition” (un test en realidad inexistente), del que se les informaba el fundamento: se trataba de un test que permitía detectar si el niño estudiado presentaría durante el curso de ese año un progreso escolar inusitado o no; al respecto, se comentaba que un 20 por ciento de los niños presentan en el curso del estudio indicios de dicha potencialidad, y se abundaba en comentarios acerca de cómo los niños no son parejos durante la escolaridad sino que presentan altos y bajos; de la detección de esos altos trataba ese test. Efectuado este estudio de cociente intelectual, se eligió al azar un 20 por ciento de sujetos a partir de la lista de alumnos de la escuela y se informó a las maestras que ese 20 por ciento había mostrado, de acuerdo al test de Harvard, indicios de que durante ese año se daría su “florecimiento”