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Freud escribió en 1915 que al considerar “la vida mental desde un punto de vista biológico, el ‘instinto’ aparece ante nosotros como un concepto en la frontera entre lo mental y lo somático, como el representante psíquico de estímulos que se originan desde dentro del organismo y que llegan a la mente, como medida de la demanda de trabajo a la mente debido a su conexión con el cuerpo”. Arthur Valenstein propuso que la mesa redonda reconsidere este concepto psicoanalítico del impulso desde la posición favorable de 1967 y vistos algunos avances en campos relacionados, especialmente la neurofisiología y la psicología experimental y fisiológica.
Valenstein relató brevemente la historia del concepto de impulso instintivo a partir del temprano énfasis, anterior al Proyecto, en la seducción y el trauma en la infancia y en la idea asociada de un afecto reprimido que busca descarga, hasta el reconocimiento posterior del papel de las fantasías y los deseos inconscientes. El primer enfoque era lo que Rapaport llamó punto de vista empírico-ambiental y de él surgió la idea de que la cura provenía de la abreacción de las emociones acumuladas. Pero este enfoque resultó excesivamente simple y su revisión condujo finalmente a un énfasis sobre las determinantes intrapsíquicas y al concepto de 1915, que estaba centrado alrededor de la representación mental y enfatizaba la distinción entre respuestas a estímulos internos y externos. Valenstein dijo: “Freud consideraba básico que se pudieran evitar los estímulos del mundo exterior mediante la acción muscular, mientras que los estímulos del mundo interior, de los que no se podía huir fácilmente, quedaban como los signos, la evidencia de las necesidades instintivas.”
Describió la “inclinación hacia un dualismo cualitativo de los impulsos instintivos” de Freud, es decir, Yo versus instintos libidinales, libido narcisista versus libido objetal, e instintos de vida versus instintos de muerte. “Parecería que esta inclinación … era en parte conse