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Ya que el título de mi exposición es “Teoría psicoanalítica y sociedad” y el subtítulo “Criterio de salud y realidad”, permítanme una condensación. Hablaré sobre “Criterio de salud y realidad social”.
Planteado así el tema surge un primer interrogante:
¿A qué realidad social nos referimos? ¿A la de Freud alrededor del 1900, a la actual nuestra de 1970, pero en qué lugar —primer mundo, segundo mundo, tercer mundo—, o a una posible realidad del futuro?
Y un segundo interrogante:
¿Podemos tomar a esta realidad social, aun dentro de este relativismo histórico y geográfico, como un macizo hecho de una sola pieza, o debemos enfocarla como algo mucho más movido y complejo, algo que consta de clases, grupos en lucha o, para abreviar, de conformistas y no conformistas?
Tomado esto así surge un tercer problema:
¿El criterio de salud de cada analista depende únicamente de su “genealogía analítica” e idiosincrasia personal, o depende también de su ubicación conformista o rebelde frente a la realidad social que lo rodea?
Daré rápidamente un ejemplo del primer enfoque. En el Congreso de Roma uno de los temas fue “Identidad sexual masculina y femenina”. Es un tema fascinante, ya que la teoría psicoanalítica al respecto pertenece a una época pasada, y no fue revisada sistemáticamente a pesar de los grandes cambios ocurridos. Los enumero en estilo telegráfico: Dependencia versus independencia económica de la mujer. Libertad sexual sin consecuencias. Cambio de los criterios morales frente al sexo y como resultante de todo eso un cambio en la relación de pareja con pérdida de la fijeza de roles. En resumen, se modificó tanto la identidad masculina como la femenina. Sin embargo, ni el expositor ni los discutidores mencionaron eso —yo sí— sino que analizaron cuidadosamente el historial del caso clínico de un homosexual, cuyo autor clamaba por la necesidad de imágenes parentales no distorsionadas. No se dieron cuenta de que estos super-padres idealizados eran de él, pero ya no de sus pacientes