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Este desarrollo no constituye en sí un trabajo acabado, ni tampoco una conferencia. No pretendemos —introductor y discutidores— agotar el tema sino realizar una apertura, sugerir lineamientos para el diálogo posterior entre todos nosotros.
Quisiera comenzar esta introducción señalando la importancia que adquirió para mí un acontecimiento ocurrido mientras nos acomodábamos para comenzar la exposición.
Sucedió que mientras yo ordenaba los apuntes que había esbozado para dirigirme a ustedes hoy, escuché una voz que con tono jocoso y algo excitado decía: “¡Vamos a ver cómo vive el presidente!”. A ella siguieron algunas risas y murmullos que demostraban la importancia que esta expresión había adquirido como manifestación de un sentir más general. Era evidente que el comentario tenía múltiples significados. Una forma de vida permite detectar múltiples características acerca de la ideología, de la identidad, de los conflictos (para no citar sino algunas de las posibilidades) de una persona, yo en este caso.
A partir de esta comprobación quisiera destacar qué sentido tiene para mí, como introductor, el tema teoría psicoanalítica y forma de vida.
A primera vista este tema, “Psicoanálisis y forma de vida”, puede parecer poco interesante, sobre todo si se lo compara con los que ocupan a los otros ateneos reunidos simultáneamente con éste. Sin embargo, si pensamos un poco en las implicancias de los términos, nos daremos cuenta de que este primer juicio valorativo no resulta del todo justo. Este tema, “Psicoanálisis y forma de vida”, agrupa en realidad a los de los restantes ateneos. Confluyen, pues, aquí, los temas referidos especialmente a ideología, sociedad y formación analítica.
Si valoramos adecuadamente las implicancias que tiene una forma de vida, podríamos llegar a sintetizar la jerarquía de este estudio a través de una oración que podría ser poco más o menos así: “dime cuál es tu forma de vida y te diré quién eres o qué clase de psicoanalista eres”.
Si partimos de la validez