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Me propongo reunir y examinar experiencias psicoanalíticas en lo que se refiere a observar la evolución de aquellas reacciones transferenciales cuyo carácter repetitivo indica estados previos de identidad sexual. Tales reacciones transferenciales podrían evaluarse, entonces, con vistas a estimar su importancia para el desarrollo futuro del rol y la identidad sexuales. Si tomamos en cuenta los casos en que hay un trastorno de la identidad sexual, y donde el daño sufrido por la personalidad como un todo no es de tal índole que lleve a un diagnóstico de desarrollo psicótico, nos encontramos con un gran número de cuadros clínicos y no resulta fácil discernir qué tienen en común.
Puesto que se me ha encargado la tarea de iniciar el debate y de circunscribir el tema, me propongo elucidar el problema de los trastornos en la identidad sexual refiriéndome a mis observaciones realizadas durante el análisis de homosexuales manifiestos. El cuadro clínico de la homosexualidad es patogénicamente heterogéneo. Lo que en última instancia lleva a un rol sexual definido tiene sus raíces en múltiples constelaciones y configuraciones. El psicoanálisis ha adoptado ciertos criterios y conceptos que nos permiten comprender las diversas posibilidades que pueden llevar a una elección homosexual de objeto.
Sobre la base de mis propias observaciones, quisiera demostrar cuántas son las pruebas demostrativas de que, en el caso de los homosexuales, una disparidad entre las líneas del desarrollo en cuanto al ritmo de la progresión (Anna Freud) ha traído como consecuencia trastornos en la identidad sexual. Creo que el desarrollo del Yo y de los impulsos tiene lugar a distintas velocidades en las postrimerías de la fase preedípica. Mientras que el pensamiento mágico persiste en el área del desarrollo yoico, el desarrollo acelerado de los impulsos produce falta de control en lo que se refiere al sexo y la agresión, siendo el resultado una integración insuficiente de la personalidad. Es mi opinión que,