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El propósito de este trabajo es examinar la relación entre los procesos simbólicos y el funcionamiento yoico. He comenzado por reformular la conceptualización inicial de Freud acerca de las diferencias entre los procesos primario y secundario, con particular referencia al concepto de Winnicott y Milner sobre la ilusión (sección I). Pasé luego a sugerir las razones por las que, en mi opinión, el hecho de limitar el concepto de simbolismo al uso de símbolos en el proceso primario, como hacen algunos autores, resulta no sólo equivocado sino también incompatible con las nociones posteriores de Freud sobre la naturaleza y el desarrollo del Yo (sección II). En esta sección he seguido en gran parte a Milner y Kubie, quienes propugnan la ampliación del concepto analítico clásico de simbolismo. En la tercera y última sección he intentado reformular la teoría del simbolismo, partiendo del supuesto dé que la simbolización constituye una capacidad general de la mente basada en la percepción y que tanto el proceso primario como el secundario pueden hacer uso de ella. A lo largo de todo el trabajo resultará evidente mi inmensa deuda para con el trabajo clásico de Jones, “La teoría del simbolismo” (1916), aunque mi posición difiere de la de este autor.
También debo señalar la enorme influencia de la concepción de Brierley sobre la metapsicología como una teoría de procesos y la importancia que atribuye a la necesidad de relacionar la teoría psicoanalítica con la tendencia del pensamiento moderno, que constituye “un movimiento que se aparta del análisis de las cosas y tiende al análisis de los procesos” (Waddington, citado por Brierley, 1951). Una de las consecuencias de este punto de vista es que las formulaciones dinámicas y económicas en términos de proceso y organización deben preferirse, de ser ello posible, a las descripciones topográficas, que suelen ser estáticas y tienden a fomentar la cosificación, esto es, la falacia consistente en olvidar que conceptos como el Ello y el