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En este trabajo me propongo considerar un aspecto particular del tratamiento psicoanalítico, a saber, el valor que tiene la comprensión del lenguaje metafórico utilizado por los pacientes con capacidad verbal. Las palabras sirven, a un tiempo, para revelar y ocultar pensamientos y emociones. En el tratamiento psicoanalítico, nuestra tarea consiste a menudo en pasar a través de andanadas de palabras para llegar a la experiencia sensorial y los pensamientos asociados. Pero también las palabras pueden revelar la unión de ambos, y contamos con una gran ayuda si aceptamos este criterio y podemos reconocer la frase reveladora. La metáfora fusiona en el lenguaje la experiencia sensorial y el pensamiento. El artista los fusiona en un medio material o en sonidos, con o sin palabras. El principio es la metáfora.
La metáfora ha sido tema de controversia e investigación desde Aristóteles hasta nuestro tiempo. Uno de los más recientes estudiosos de este tema manifestó: “La investigación de la metáfora es curiosamente similar a la de cualquiera de los datos primarios de la consciencia; no podemos avanzar muy lejos sin encontrarnos en los límites de la cordura. La metáfora es tan final como el habla misma, y el habla, tan final como el pensamiento” **.
Según una de las explicaciones de la metáfora, ésta revela lo divino en el hombre, cuyas cualidades y aspiraciones espirituales encuentran expresión en el lenguaje que posee significación concreta. Por ejemplo: “Mi espíritu voló entonces en pluma”, revela, según este criterio, la aspiración del alma a elevarse que, en el lenguaje, se ve necesariamente expresada en la ilustración mundana de un pájaro cubierto de plumas para revelar una cualidad del espíritu.
Sin embargo, la investigación psicoanalítica concuerda con quienes, partiendo de la definición de la metáfora como “una transferencia de una palabra a un sentido distinto de su significación” ***, sostienen que el desplazamiento va de lo físico a lo psíquico y no viceversa. Según Gr