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La decisión del Comité Organizador del Tercer Precongreso Didáctico de que haya tres relatos predistribuidos sobre el tema de supervisión, de los cuales dos versaran sobre teoría y técnica respectivamente, me exime de encarar tales aspectos en detalle y me permite enfocar en forma más directa el tercer tópico, o sea el que trata específicamente de los problemas de la supervisión.
Antes de empezar a desarrollar todo lo concerniente a este tema, me siento tentado a citar la conocida frase de Freud cuando se refirió a las tres profesiones “imposibles”: analizar, educar y gobernar12. Dado que la supervisión implica un proceso de enseñanza y el analista didacta suele ser también un funcionario del Instituto, resulta que se encuentra con el hecho de estar ejerciendo esas tres difíciles y “penosas” actividades. En relación con la primera de ellas, la actividad de analizar, Freud se preguntaba: “¿Dónde y cómo podrá adquirir el desgraciado aspirante aquellas cualidades ideales que necesitará para su ejercicio?”12. Pues bien, me gustaría hacer extensiva esas palabras de Freud a las otras actividades del analista y agregaría esta otra pregunta: ¿Cómo se las arregla el analista didacta para tolerar la sobrecarga que implica el ejercicio de estas tres actividades “imposibles” procurando, al mismo tiempo, desempeñarlas bien? Naturalmente, la primera respuesta que surge es que el análisis personal sigue constituyendo la garantía más sólida, tal como lo afirmó Freud. Cuanto más profundo y exitoso haya resultado dicho análisis, tanto más seguro y capacitado se sentirá el analista para el ejercicio de sus tareas. Sin embargo, el análisis no es terminable y tampoco otorga la perfección Por eso Freud aconsejaba retomarlo periódicamente. Además, deberá ser complementado necesariamente