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“El rasgo esencial en el trabajo del sueño es la transformación de los pensamientos en una vivencia alucinatoria” (Freud, 1915-1917, pág. 213***). Ahora bien, si como afirma Freud, la alucinación es lo esencial en la elaboración del sueño, entonces, llegando a comprender cómo se origina dicha alucinación, comprenderemos también lo esencial de los sueños.
Un sueño se genera, según Freud, porque los restos diurnos preconscientes reciben refuerzos de contenidos instintivos inconscientes, con lo que se constituye en el sistema Prc., el denominado deseo onírico o fantasía de deseo. Esta fantasía de deseo puede tener tres destinos distintos: 1) el normal en estado despierto, que es pasar del sistema Prc. al C., con lo que (siempre siguiendo a Freud) se originaría una idea delirante satisfaciente de deseos; 2) el de evitar al sistema C. y descargarse motrizmente, que es lo que ocurre en el sonambulismo, y 3) el de seguir un camino regresivo, a través del sistema Inc., en dirección a la percepción, con lo que se haría consciente alucinatoriamente como contenido manifiesto de un sueño (Freud, 1917, págs. 220 y 221).
En este último caso, ¿a qué se debería su aspecto alucinatorio? Freud pasa revista a cuatro suposiciones, de las cuales mantiene una.
No puede deberse a que los “deseos inconscientes hayan de ser tenidos por realidades una vez que han logrado hacerse conscientes, pues nuestro juicio es muy capaz de distinguir las realidades, diferenciándolas