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Con todo acierto, Garma atribuye al problema del origen de las alucinaciones oníricas una posición central en lo concerniente a la esencia del sueño. Observa que ya en las explicaciones psicoanalíticas dadas por Freud encontramos múltiples contradicciones y oscuridades, entre las cuales cita: la regresión a las imágenes perceptuales de la fantasía de deseos durante el dormir y la dirección regresiva de la excitación hacia el extremo sensorial del aparato; la atracción de los deseos del sistema Inc.; el cese de la corriente desde el sistema Pc que fluye en dirección a la actividad motora durante el dormir; la falta de carga del sistema Cs(Pc) con el abandono de la prueba de realidad.
A ellas quisiera agregar dos explicaciones adicionales ofrecidas por Freud: el resultado de la actividad de condensación que trae consigo el logro de las intensidades requeridas para abrirse camino hacia los sistemas perceptuales (1900, pág. 596) y el sueño como proyección y, por ende, como una defensa contra una perturbación del dormir (cf. 1917, págs. 223-4).
En conjunto, éstas constituyen explicaciones bastante divergentes que plantean serios problemas, en particular con respecto a la conceptualización de la carga en los sistemas Pc y Cs. El doctor Garma se esfuerza por señalar la contradicción entre la presunta falta de carga del sistema Cs, por un lado, y las funciones que, no obstante, este sistema cumple durante el soñar, por el otro (1969, págs. 486-7). Freud mismo no dejó de advertir esta incongruencia, que expresa con particular claridad en una nota al pie en la “Adición metapsicológica a la teoría de los sueños” (1917, pág. 234), donde señala que las consideraciones de índole metapsicológica no pueden resolver el problema relativo a la excitación de los sistemas no cargados: “… puede tratarse de una eliminación sólo parcial de la carga…”.
Tanto en las reflexiones de Freud como en las de Garma sobre el tema de la alucinación onírica, la prueba de realidad desempeña un papel esenci