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En este trabajo me propongo considerar el uso de una perversión corno defensa contra la psicosis. El material ofrecido por una paciente me permitió comprender que su personalidad estaba dividida en partes psicóticas y no psicóticas. Confío en poder demostrar de qué manera las partes psicóticas están encapsuladas en un síndrome perverso con el propósito de que el resto de la personalidad pueda establecer algún contacto con la realidad y mantener un grado mínimo de funcionamiento.
El estado psicótico que trataré de describir consiste en una situación en la que los objetos internos son destruidos, despedazados y a menudo fragmentados; las principales ansiedades tienen que ver con la desintegración. Para manejar esa situación, se recurre a la perversión como una protección contra la posibilidad de hacerse añicos.
La paciente sobre cuyo análisis he efectuado este trabajo tenía cuarenta y dos años al iniciar su tratamiento. Era la mayor de cuatro hijos. Su familia tenía una tienda en una, pequeña aldea. La madre atendía a los compradores mientras el padre fabricaba los productos que se vendían allí. Los hijos, aun desde muy pequeños, debían ayudar en la tienda o en las tareas domésticas. La paciente describe a la madre como una persona débil, sometida al dominio de su esposo y temerosa de él. Le preocupaba el bienestar y la educación de los hijos, pero era insensible. Afirma que el padre era tiránico, malhumorado y rígido. Dominaba a la madre, quien, según la paciente, descuidaba a los hijos debido a las exigencias que el padre tenía con ella. El padre había sufrido en su juventud un derrumbe mental, debido a lo cual se le dio de baja en el ejército. La vida hogareña era muy lúgubre, restringida y aislada. La relación con una hermana y un hermano, cuatro y cinco años y medio más jóvenes que la paciente, estaba caracterizada por intensos celos y rivalidad. Desde los diez años había tenido con esta hermana una relación homosexual que duró cinco años. La hermana menor, que tie