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El autor destaca que el desarrollo de la psicología del Yo contribuyó al surgimiento de una teoría psicoanalítica que abarca todo el desequilibrio psicológico y no meramente la psicopatología o la enfermedad. Tales cambios basicos consisten en el pasaje: 1) De una estrecha preocupación por el conflicto a una preocupación por el dilema y la crisis; 2) De una preocupación primaria por la defensa a una preocupación por los controles adaptativos; 3) De una preocupación por los impulsos sexuales y agresivos a una preocupación por la motivación en general; 4) De la prioridad explicativa de la actividad inconsciente a la paridad de la intención y el propósito conscientes.
La psicología del Yo aportó una mejor apreciación de las influencias sociales y culturales de los variados modos y estilos adaptativos. Para dar un ejemplo —cómo los estilos cognitívos no defensivos del terapeuta y el paciente afectan la transferencia— los callejones sin salida entre paciente y terapeuta, que solían interpretarse como resistencia (reflejo del drama intrapsíquico de impulso y defensa), pudieron ser entendidos como una desarmonía entre los estilos cognitívos de cada uho, lo cual impediría una “identificación” tan necesaria para la comprensión analítica.
Frente a esta vitalidad y amplitud de perspectiva, G. Klein observa una crisis contemporánea de identidad, y especifica tres áreas no resuenas en la psicología del Yo:
1ọ) ¿El Yo es una entidad o una clasificación? Aparece descripto unas veces como sistema, y otras como término clasificatorio de motivaciones o de “funciones”; para unos es un “sistema de controles”; para otros, un modelo, o aun una simple metáfora. Confunde, además, la ausencia de una teoría adecuada sobre los diferentes significados de la idea de función: función en sentido de utilidad filogenética de supervivencia; de proposito motivacional individual; de capacidad no motivacional (percepción, memoria, etcétera). ¿La “autonomía primaria” de percepción es simplemente la capacid