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Este trabajo está sellado por una característica muy especial: el haber sido escrito en 1957. No fue publicado entonces y, luego de una serie de circunstancias, aparece en este número de la Revista, tal como fue escrito en 1957, con una serie de notas al pie, pertenecientes al autor en 1970; agrega al interés del mismo el hecho de haber sido releído y repensado y eventualmente criticado por Rodrigué. Enfoca el cuadro llamado por Kanner “Autismo precoz infantil” desde un punto de vista psícopatológico, haciendo especial hincapié en cuál es la forma de relacionarse del niño autista con el mundo externo (el otro, el objeto), así como con su mundo interno (objetos internos, Yo, Self). Lo describe fenoménicamente, mostrando cómo su conducta o aspectos de la misma están condicionados por su peculiar relación con “otrapersona-que-no-sea-yo” y cómo su preferencia por el objeto inanimado (la cosificación) se satisface relacionándose con partes aisladas del otro.
Considera el autor cinco punto que en un momento eran para él característicos del autismo:
1) fijación en la posición esquizo-paranoide, 2) incapacidad de elaboración intrapsíquica de tendencias destructivas, 3) proyección masiva de tendencias destructivas, 4) negación y control, como mecanismos básicos de defensa, 5) existencia de un objeto interno idealizado.