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Comienza diciendo Fine que otros autores, junto con Freud, se interesaron por la idea de la muerte y trabajaron sobre este tema de forma más o menos enmascarada. Considera muy importante que al introducir Freud el concepto de pulsión de muerte como referencia o como mito imaginario, no sólo descentró el edificio psicoanalítico, sino que nos obliga a situarlo en el centro de los modelos, especialmente el llamado psicosomático. Hace consideraciones sobre uno de los aspectos, el biologolizante, en la trayectoria de Freud, al hacer combatir en un campo cerrado las fuerzas de la vida y de muerte, ya que ciertas funciones pueden ser mortíferas en sus excesos, o que es necesaria para conservar la vida la destructividad biológica de ciertas células. Dentro de esto, la curación o no curación resultaría del equilibrio frágil en la instauración de estas diferentes fuerzas. También se suscitan muchas interrogantes al presentar la pulsión de muerte —en cuanto a desorden somático— como principio de constancia, de vuelta al estado inerte, de tendencia a la muerte por el más corto camino.
Pero lo que fundamentalmente se propone en este trabajo el autor es interrogar a las diversas hipótesis que hay sobre la pulsión de muerte en relación con la enfermedad somática. Y no sólo interroga los límites de estos modelos y su adaptación a las diversas facetas de la pulsión de muerte, sino que establece el balance que hay sobre su aceptación.