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Freud diferencia dos formas del sentimiento de culpabilidad: una aparece como temor ante la autoridad externa o sea como miedo a la pérdida de amor; la otra, como temor ante la autoridad interna, o sea como miedo al superyó. El sentimiento de culpabilidad obedece a la vuelta de la agresión contra el propio yo, manifestándose en éste como deseo inconsciente de castigo. De ahí que se emplee frecuentemente el término “necesidad de castigo” por “sentimiento de culpabilidad”, y viceversa. El autor plantea el interrogante de si estos dos conceptos realmente son idénticos.
Las manifestaciones del sentimiento de culpabilidad son múltiples: malestar, tensión, tendencia exagerada a ayudar y a regalar, necesidad de amor, necesidad de castigo, sumisión, obsesión de purificación, etc. Entre estas manifestaciones, también pueden diferenciarse dos grupos: uno, cuyo objeto es el mundo exterior (por ejemplo, la necesidad de amor) y otro, cuyo objeto es el yo (por ejemplo, la necesidad de castigo). Los primeros tienden a reparar el crimen (real o fantaseado), al cual se refiere el sentimiento de culpabilidad por medio de la reconciliación con el mundo exterior; los últimos, por medio del autocastigo.
La investigación del crimen nos conduce primordialmente a la situación edípica, o sea al parricidio. En tiempos prehistóricos (según la hipótesis de Freud) el padre fué muerto y luego devorado por los hijos. Luego surge el deseo de defecar y reanimar al padre ingerido. De ahí la relación entre el sentimiento de culpabilidad y la función anal. La existencia de esta relación puede ser observada en diversas psicosis y neurosis. En estos casos, la defecación frecuentemente tiene el significado de una disminución de la culpabilidad, pues por medio de ella el objeto aniquilado e ingerido oralmente es liberado de nuevo. Esta “liberación” también puede ser efectuada por vía oral.
El sentimiento de culpabilidad origina, pues, la tendencia a reanimar al objeto aniquilado y tiene como finalidad satisf