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El instinto de saber varía de intensidad en los niños. El caso siguiente trata de un niño con una inquietud de saber muy intensa, cuyas manifestaciones fueron observadas desde sus principios hasta el comienzo del período de latencia.
Se lo educó con la mayor libertad posible; (desde los diecisiete meses de edad vivió en el “Laboratorio de Hogar Infantil”). Ninguna crítica restringió su anhelo de saber; de ahí que su investigación sexual y su tendencia a mirar (Schaulust), tuvieron la misma espontaneidad y naturalidad que cualquier otra de sus actividades. Dada su normalidad física y psíquica las observaciones hechas en este caso, pueden servir de material para el conocimiento de ciertos procesos evolutivos.
En cuanto a la evolución del instinto de saber, la elaboración de este material señala cuatro períodos:
Un primer período (primero y segundo años de vida) en el cual el niño adquiere su primera orientación en el ambiente inmediato.
Un segundo período (fin del segundo y tercer años): además de la investigación general del ambiente, existen múltiples intereses relacionados con las tendencias parciales (el interés por la micción, la defecación, los genitales, etc.); estos intereses, cuyos principios se observan en el primer período, adquieren en el segundo un carácter dominante.
El tercer período (cuarto y quinto años) puede caracterizarse por la expresión “yo y el mundo”. Los problemas fundamentales son: nacimiento y muerte. Adquiere también mucha importancia la investigación de la estructura del propio cuerpo y del de los demás.
El cuarto período empieza al final del quinto año y se caracteriza por un gran interés por la vida pública y social; surgen también las preguntas relacionadas con Dios.
Primer período: La observación de las primeras manifestaciones del deseo de conocer el ambiente es muy difícil. La percepción se produce por medio de los centros erógenos, boca, ojos, oídos, manos. Lo percibido sirve al mismo tiempo para la satisfacción de estas zonas.
Wera Schmidt