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Durante sus oraciones el judío se cubre con un manto especial, talit, generalmente de lana, de cuyos extremos cuelgan cuatro flecos, tzitzit. Se pone además unas filacterias, tefilin, alrededor del brazo izquierdo y la cabeza. Son cajitas de cuero vacuno con correas; la de la cabeza, dividida en cuatro partes, contiene pergaminos con versículos del Pentateuco.
Reik resuelve el enigma de estos objetos rituales partiendo de un pequeño detalle: los pergaminos en el interior de los tefilin están sujetos con pelo de la cola de una vaca o ternera, que debe surgir fuera de la cajita. Según el escrito de un rabino, en 1701, tal pelo tiene por objeto recordar a los judíos la vaca roja o el becerro de oro, que tuvo importancia en tiempos primitivos.
Por lo tanto, el judío con las filacterias puestas debe querer representar un toro o, más ampliamente, un animal vacuno. En el mismo sentido habla el material de que deben ser hechas las cajitas. O sea que el tefilin de la cabeza indicaría los cuernos del animal, el del brazo, la pezuña y las correas, pars pro toto, representarían la piel. En cuanto al talit, simbolizaría la piel de un animal lanar, siendo los cuatro tzitzit como las piernas, en las que los nudos corresponderían a las articulaciones.
A favor de esta interpretación hablan numerosos datos antropológicos, de disfraces totémicos en diferentes pueblos, que consisten en colocarse partes del animal sagrado, sustituidas a veces por sus derivados reales o simbólicos. El escapulario sería un resto de esa costumbre primitiva.
Señala lo mismo el qué el ritual del tefilin se cite en relación con la fiesta de la Pascua, teniendo el padre la obligación de explicar al hijo el origen de tales objetos. Sabido es que la Pascua es la fiesta totémica del sacrificio del dios. Además, en ella se rememora la fuga de Egipto, después de la décima plaga, que acarreó la muerte de todos los primogénitos de hombres y animales egipcios.
Langer coincide con la interpretación (que primeramente fué hal