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En el sexto canto de la Odisea se describe cómo Poseidón destruyó la balsa que llevaba a Ulises. Éste no pereció, obedeciendo a la diosa Ino Leocotea. Se desprendió de sus vestidos y, extendiendo el velo de la diosa sobre su pecho, se dejó caer al agua, boca abajo. Dos días después llegó a las orillas de Esqueira, el país de los feacios. Advertida por un sueño, la princesa real Nausicaa fué allí a lavar ropa, encontrándose, al arrojar una pelota, con Ulises desnudo, que terminaba su dormir, cubierto con sarro del mar, saliendo de donde reposaba, entre hojas, en medio de dos árboles próximos. Enamorada de él, le llevó al palacio, donde el héroe fué muy agasajado. Éste intervino en disputas atléticas y después fué embarcado, dormido, para su patria.
Comparando con el estudio de Rank El mito del nacimiento de los héroes, el autor interpreta este episodio como una fantasía de nacimiento, en que Ulises es el hijo y Nausicaa la madre. Comienza con el naufragio en medio de las aguas, que representa el líquido amniótico, siendo el velo de la diosa —o vientre materno— lo correspondiente, por ejemplo, a la cesta de Moisés en el Nilo, y significando Nausicaa la hija del Faraón, al salvarle la vida. El dormir entre árboles ha de simbolizar la vida intrauterina. Ino Leocotea, transfigurada en gaviota (mergo), es un doble de la madre y se la puede equiparar al animal protector que aparece en otros mitos de nacimiento.
El autor interpreta el recibir el velo de la diosa como dependiente de una fantasía escoptofílica. La madre se pone un velo para encubrir su cuerpo ante el niño que le contempla, haciéndose así, en cierto modo, invisible. Recibir el velo de ella, significa para el niño como poder disponer de un medio mágico que le permite, a su vez, ser invisible y observar, con amplio placer, todo lo que le agrada. Por eso, Ulises, al llegar a las orillas de Esqueria, tiene que arrojar el velo salvador al mar, sin mirarlo.