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Freud demostró que la historia de la religión representa la continua tentativa de superar el complejo edípico y los sentimientos de culpabilidad con él relacionados, y de llegar a la paz interna por medio de la reconciliación con el padre.
Llama la atención de que en la mitología cristiana —a diferencia de las demás mitologías— no existen ya las figuras del conflicto original (padre, madre, hijo), sino que la madre, la causa del conflicto, es sustituida por la figura enigmática del Espíritu Santo. La comprensión, pues, de esta sustitución arrojaría luz sobre la revolución psicológica contenida en el surgimiento del cristianismo.
El camino que el autor elige con este fin, es la consideración de la concepción del Mesías; pues por lo general se manifiesta el sentido de un mito ya en sus primeras partes, o sea en el mito del nacimiento de su héroe (O. Rank). Ya la idea de una concepción sobrenatural señala la existencia de un conflicto con el padre o, más precisamente, el deseo de rechazar la idea de la participación del padre en la concepción. En el mito cristiano, no aparece dios-padre mismo en la concepción; ésta se realiza por medio del anuncio del arcángel Gabriel y del soplo de la paloma que entra en el oído de la virgen. La paloma que representa al Espíritu Santo, proviene de la boca del padre. El Espíritu Santo y su soplo juegan aquí el papel de instrumentos sexuales. Con esto el problema se complica, pues la enigmática figura que sustituye a la madre es un ente masculino, un símbolo de los órganos genitales paternos,
Para poder aclarar este problema, el autor dirige su atención a los detalles de la concepción misma. En una investigación anterior sobre la concepción de María por el oído, había llegado a la conclusión de que esta leyenda representa una elaboración sumamente espiritualizada y sublimada de una teoría sexual infantil, según la cual la concepción se realiza por medio del pasaje de los gases intestinales del padre a la madre. Esta idea infantil señala