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La autora hace un estudio psicoanalítico sobre la personalidad de Kierkegaard, uno de los pensadores religiosos más originales del siglo pasado. Sus obras, además del profundo contenido filosófico, ofrecen la posibilidad de analizar los
intensos conflictos psicológicos de su autor y de determinar sus causas. El mismo Kierkegaard dice en su diario: “Si alguien llegara a descubrir el verdadero móvil de mi obra —¡Por Dios, se piensa, un libro tan importante debe de tener una causa muy profunda! Y, in embargo, es aquí mi vida privada la que entra en juego.”
Kierkegaard nació en Dinamarca en 1813. Su padre, al quedar viudo y sin hijos de un primer matrimonio, se casó luego con su sirvienta que le dió 7 hijos, cinco de los cuales murieron en edad temprana. Soeren era el menor. De la madre, nada se sabe. El padre era autoritario, severo y muy religioso. Toda la familia le obedecía ciegamente, así como él mismo obedecía a Dios. Esta actitud del padre hacia Dios determinó la actitud de Soeren frente a su padre. La autora deduce de numeroso material, que uno de los factores decisivos para el desarrollo de Kierkegaard, fué que éste, de niño, había sido testigo de la escena primaria al espiar en el cuarto de sus padres. El choque fué terrible; era la pérdida psicológica de los dos padres de un golpe. Significaba que su madre no lo amaba y que su padre le robaba el amor de su madre. La frustración tuvo por consecuencia una fijación de su amor por la madre y una fuerte actitud ambivalente hacia ambos padres. Así nace en el niño un conflicto entre sus deseos de incesto y agresión, y el superyó, conflicto que lo lleva a la represión de las pulsiones prohibidas. En su inconsciente se forma una fantasía en la que se realiza su deseo de poseer sexualmente a la madre, como el padre, la obsesión de identificarse con éste, de repetir él la escena primaria, la obsesión de la repetición que, más tarde, se convierte en el problema central de su filosofía: “Tan sólo la repetición puede hace