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Después de exponer los tres motivos del vestido, adorno, pudor y protección, el autor indica su presentación en orden inverso en la serie filogenética y en el individuo. El placer cutáneo y el narcisístico es disminuido por la presencia de vestidos. De aquí que frente a los vestidos haya cuatro clases de individuos: los que los siguen considerando como una cárcel, los que se han sometido, los que los han aceptado como símbolos de la moral y del superyo y los que han trasladado a ellos el interés que anteriormente tenían por su cuerpo desnudo, por ejemplo, llevando trajes de simbolismo fálico.
En el hombre, con su superyo más severo y una sexualidad más concentrada en sus órganos genitales, el traje es más rígido y menos exhibicionista que en la mujer que tiene su libido más extendida por toda la piel.
El traje del hombre sufrió una gran inhibición a fines del siglo XVIII, cuando la revolución social abolió diferencias de clases, que se manifestaban en el vestido.
La moda proviene de una concurrencia social y sexual. Sus variaciones existen entre el adorno y el pudor, el exhibicionismo del cuerpo y del traje, las diferentes partes expuestas del cuerpo y la juventud o madurez de la persona.
Garma