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Es estudiado preferentemente el caso de una mujer de 39 años con cefalea no jaquecosa desde poco más de un año. Fué consecutiva al trauma emocional de enterarse del contagio sifilítico de su marido que era bebedor y violento, lo que le obligó a divorciarse. El tratamiento psicoanalítico de 147 sesiones, difícil por el mutismo de la enferma, condujo a su curación.
En su infancia la enferma vivió sometida masoquísticamente a una madre violenta y dominadora que se ocupaba mal de ella y la castigaba en la cabeza. Fué siempre la primera de la escuela, a pesar de los reproches de la madre por leer demasiado.
En la enferma existía una erotización de la inteligencia y por extensión de toda la cabeza. Su transferencia analítica tomó el aspecto de un deseo de que el psicoanalista forzase su consciencia, con lo que satisfacía su deseo de contacto con el médico y además el de sufrir por ello para poder permitirse tal contacto. Algo análogo le ocurría en sus relaciones anteriores con el marido. La enferma adoptaba una actitud de seudoimbecilidad, a consecuencia de una castración intelectual. Hablaba poco en el tratamiento, porque retenía analmente sus pensamientos y porque prefería sus cefaleas a comunicar y descargar sus contenidos mentales. La cefalea era una defensa neurótica.
Según el autor, la erotización de la inteligencia es lo que ocasiona que los conflictos instintivos produzcan síntomas cefálicos. En su conducta los jaquecosos suelen ser dinámicos, mientras que los enfermos con cefaleas esenciales son más bien rígidos.
Garma