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Considera la necesidad de mantener un grado óptimo de frustración en la situación analítica. Refiriéndose a la aparición de la transferencia negativa inevitable en esta situación frustrante el autor sostiene que esto puede ser utilizado para lograr progresos en el análisis mientras no sean excesivos.
El autor concuerda con Lagache al sostener que hay una transferencia negativa-positiva así como una que puede designarse negativa-negativa. Compara la acción de la transferencia en el tratamiento con los experimentos de Pavlov sobre reflejos condicionados. El autor considera al analista con respecto al paciente como jugando alternativamente un papel de círculo y de elipse, causando reacciones de naturaleza positiva, negativa o ambivalente.
La terapia analítica consistiría en el hecho de que debido al rol asumido por el analista sea positivo o negativo ante el paciente, las reacciones transferenciales de carácter opuesto pueden aparecer, permitiendo al paciente superar las respuestas neuróticas reflejas a situaciones traumáticas infantiles.
También coincide con Lagache sobre el significado del efecto Zeigarnik en relación a la transferencia, que no está en contraposición con las explicaciones de Freud acerca de la transferencia como un aspecto de la compulsión repetitiva.
J. M. Aray