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El enfoque clínico de pacientes psicóticos, en los cuales el lenguaje está desmetaforizado y las modalidades de defensa no dan cuenta de represión, necesita un encuadre diferente al de pacientes neuróticos. La PPC propone un dispositivo que atenúa el impacto “rudo” del encuentro entre los dos protagonistas y que ofrece al paciente un “ángulo de fuga” a su mirada en relación con la del analista que puede ser resentida como penetrante e invasora, y permite al analista preservar su capacidad de ensueño. La mirada, ya tolerable, puede entonces cumplir su papel de “espejo unificador”. El diván, ya que es un objeto inanimado del encuadre, cumple una función de apoyo. Con estos pacientes, el trabajo de ligazón, que compete primero al analista, se elabora a partir de experiencias y manifestaciones sensorio-motrices del paciente y se apoya en la contratransferencia corporal del analista; de esta manera favorece el proceso de simbolización primario.