En este trabajo el autor se pregunta: ¿Qué se recuerda, qué se repite, qué se transfiere?
¿Lo que se recuerda es la verdad? ¿Lo que se repite es lo real?
Tomando como eje central a la transferencia, aborda el tema desde un Freud leído después de Lacan y un Lacan después de releer a Freud.
¿La relación de objeto, tal como se manifiesta en la transferencia es repetición o se trata de una invención del objeto por parte del sujeto?
Hay un Freud que se puede leer después de haber pasado por Lacan, pero también hay un Lacan que sólo puede ser entendido después de haber leído a Freud.
¿Qué se recuerda? ¿Qué se repite? ¿Qué se transfiere?
¿Lo que se recuerda es la verdad?
¿Lo que se repite es lo real?
1. La primera vez que Freud habla de transferencia es en “La interpretación de los sueños”
Para Freud el relato del sueño debe ser considerado como contenido manifiesto.
Se trata de unos pensamientos diurnos que quedaron sin tramitar y que al continuar ocupando la consciencia se convierten en una amenaza para la función del dormir.
El sueño hace que el resto diurno se vuelva inocuo y el sujeto puede dormir.
Pero para que este resto diurno sea tramitado tiene que ser capturado por un deseo inconsciente, que se instala en su interior y se convierte en su núcleo, en el centro de ese resto en la consciencia y de ese modo logra el disfraz que necesita para burlar a la censura y para que la censura se deje burlar.
El deseo busca su cumplimiento en el sueño, pero no lo hace de cualquier manera sino que utiliza medios a los que Freud agrupa bajo el nombre de “trabajo del sueño”: condensación, desplazamiento, cuidado por la figurabilidad y elaboración secundaria.
Por eso, el contenido manifiesto puede ser fragmentario, confuso o absurdo porque no es más que una transcripción mutilada y cambiada de ciertas formaciones psíquicas que son los pensamientos oníricos latentes.
El deseo utiliza el resto diurno pero le da un valor distinto de significación. Digamos que el sueño utiliza al resto diurno vaciándolo de su sentido e invistiendo a estos restos insignificantes con una nueva significación.
Freud llama a este procedimiento transferencia de sentido.
Cuanto más insignificante sea la imagen, más fácil va a ser para el deseo mostrarse en ella, para de esta manera burlar a la censura.
Son formas insignificantes, que funcionan como significantes, a los que el deseo le proporciona, le transfiere una nueva significación.
Artigo recebido em 19 de Julho de 2018 e aceite para publicação em 23 de Fevereiro de 2019.
Este texto tem como base a comunicação apresentada no XII Encontro Lacan, na IPA, subordinado ao tema «Verdade, Inconsciente e Realidade», organizado pela Sociedade Portuguesa de Psicanálise (SPP) entre 8 e 10 de Junho de 2018.
Doutor em Medicina pela Universidade Autónoma de Madrid, psiquiatra, psicanalista e membro titular com funções didácticas da Associação Psicanalítica de Madrid. E-mail:
Por lo tanto, no debemos perder de vista al deseo porque es el auténtico motor del relato.
Una frase que Freud cita de Stricker nos servirá para cerrar este primer punto y dejar abiertos los interrogantes en torno al recuerdo, a la repetición, a la verdad y a lo real:
“Si yo en el sueño siento miedo de unos ladrones, los ladrones son por cierto imaginarios, pero el miedo es real.” (Freud, S. 1900, p. 458)
Es por lo tanto por su contenido afectivo y no por el contenido de representación por lo que el sueño debe ser considerado como vivencia real del alma.
Aquí real quiere decir que existe, es prueba de existencia en la realidad.
Pero que sea real no quiere decir que sea la verdad.
Porque si el sueño es un enigma a descifrar, no se trata de buscar la verdad por medio del afecto sino de ir a la verdad a través del pensamiento del sueño, que para Freud es lo real.
Y el mismo planteamiento se va a hacer en relación con la transferencia.
El afecto en la transferencia es constatación de existencia en la realidad y por eso dice algo que va a retomar en “Las nueva puntualizaciones sobre el amor de transferencia”: “[…] el afecto vivenciado en el sueño en modo alguno es inferior al de igual intensidad vivenciado en la vigilia.” (Freud, S., 1900, p. 458)
2. A partir del caso Dora, la transferencia adquiere su significación más conocida porque se refiere al modo en que el deseo se aferra al psicoanalista.
El psicoanalista como significante, como resto diurno al que se aferra el deseo.
En el epílogo dice que durante el tratamiento se suspende la neoformación de síntomas, pero no la productividad de la neurosis que crea una producción del inconsciente a la que se le puede dar el nombre de transferencia.
Las transferencias, dice Freud, “son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos que despertarse y hacerse conscientes, pero lo característico de todo el género es la sustitución de una persona anterior por la persona del médico. Para decirlo de otro modo: toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo pasado, sino como vínculo actual con la persona del médico. Hay transferencias de estas que no se diferencian de sus modelos en cuanto al contenido, salvo en la aludida sustitución. Son entonces, para continuar con el símil, simples reimpresiones, reediciones sin cambio. Otras proceden con más arte; han experimentado una moderación en su contenido, una sublimación, como yo digo, y hasta son capaces de devenir conscientes apuntalándose en alguna particularidad real de la persona del médico o de las circunstancias que lo rodean, hábilmente usadas.” (Freud, S., 1905 [1901])
Entonces, por un lado la transferencia es una reedición sin cambio, es decir una repetición que se da por efecto del desplazamiento en el tiempo y en la persona sobre la que se transfiere, pero por otro lado es una creación, una producción del inconsciente.
El paciente deja de recordar y recrea en la relación con el analista sus mociones pulsionales y fantasías y de este modo, el complejo patógeno reprimido se muestra de forma resistencial.
La transferencia es algo inevitable en todo tratamiento y debe ser combatida como una nueva creación de la enfermedad porque es usada como un modo de hacer inasequibles el material de la cura que surge a través de la asociación libre.
Lo que se repite en la transferencia no es sólo lo que el sujeto ha vivido, también es la reedición de algo del orden del deseo, algo del orden fantasmático y por lo tanto algo de lo que en realidad no ocurrió.
Lo que aparece en la transferencia no es un trozo reproducido de lo real que hay que elaborar sino un elemento de engaño al servicio de la resistencia que busca evitar el recuerdo.
3. Pero no vayamos tan rápido porque si bien aquí la transferencia se manifiesta como obstáculo al recordar, también es la puesta en acto de la realidad del inconsciente y por eso permite apreciar el funcionamiento de la mente allí donde el paciente no puede recordar, y por lo tanto la repetición transferencial es su manera de recordar.
Freud (1912) en “La dinámica de la transferencia” dice que:
“Toda persona tiene un modo particular de gozar de la vida amorosa, es decir, un modo de establecer las condiciones para el amor y un modo de descargar la pulsión.
La transferencia se basa en estas constelaciones particulares del amor.
Esto da por resultado un clisé que se repite de manera regular en la trayectoria de la vida.
La experiencia muestra que un importante sector de las mociones libidinosas no alcanzan pleno desarrollo y permanecen apartadas de la conciencia y de la realidad objetiva pudiendo o bien desplegarse en la fantasía o bien mantenerse por entero en lo inconsciente.“ (Freud, S., 1912, p. 98)
Estas mociones no satisfechas son las que están prontas a desplegarse cuando el sujeto entra en relación con otra persona como puede ser el médico.
El médico es insertado de esta manera en una de las series psíquicas.
Freud aclara, en primer lugar, que la transferencia no debe ser atribuida al psicoanálisis sino a la neurosis.
Un nuevo neologismo que deberíamos utilizar es el de transferma, para recordar que la transferencia no sólo es una repetición de la enfermad sino también es una nueva forma de enfermar.
En primer lugar, está la introversión de la libido característica de la neurosis, que hace que el sujeto en lugar de orientar la libido hacia objetos de la realidad, fantasee con los objetos que no se pueden tener en la realidad.
Aquí la transferencia surge como resistencia porque el analista es el que representa al sujeto que quiere sacar al paciente de su introversión libidinal y el analizando se resiste e insiste por mantenerse en la introversión porque goza con los fantasmas infantiles que no se pueden realizar en la realidad objetiva.
Por lo tanto, y aunque parezca paradójico estas resistencias son un indicio de que el sujeto comienza a salir de la introversión libidinal, es decir, que comienza a producirse un levantamiento de la represión.
Es decir que si algo del clisé que porta el sujeto es apto para ser transferido sobre el psicoanalista, lo primero que se produce es una resistencia a la transferencia.
En segundo lugar, debemos citar a la resistencia como transferencia porque cada vez que el paciente se acerca a la verdad de sus complejos inconscientes, transfiere. Y la transferencia aparece como la última deformación.
En la resistencia como transferencia no se trata de la repetición del suceso, de lo que vivió, sino de la deformación del material que el sujeto evita recordar.
El paciente hace coincidir el objeto de deseo con el analista.
Entonces el analista hace semblante del objeto (Lacan, J., 1971).
En este sentido podemos hablar de repetición porque sale de la introversión, y se queda en silencio por la vergüenza frente a los sentimientos que le despierta el analista.
Pero de esta manera se muestra la verdad desfigurada.
Desfigurada porque aparece como vergüenza por enamorarse del analista cuando en realidad se trata de la vergüenza por la emergencia del impulso sexual.
En esta deformación de la verdad podemos hablar de creación, porque toma al analista como causa de la transferencia y no como lo que es: resto diurno.
Transforma al analista en objeto causa de deseo (Lacan, J., 1960–1961).
Para Freud la transferencia se sostiene en un falso enlace y en un error en relación con el objeto representado por el analista que deja de ser visto como analista.
En la interpretación transferencial se trata de deshacer el falso enlace de la pulsión con el analista para hallar el verdadero objeto que es el objeto perdido.
Porque sólo en tanto y cuanto el analizando pueda recordar al objeto como perdido podrá constituirse como sujeto del deseo.
Desde el complejo de Edipo lo que se repite en la transferencia es la negación del padre en tanto padre, en tanto poseedor de la madre.
Asociar libremente es perder el valor definitivo del significado que da el paciente a las palabras, es aceptar que las palabras no son lo que el paciente creía.
Entonces se produce una pérdida de certeza en la propia palabra y sometimiento a la palabra y al significado que da el analista.
Por esta vía, el analizando se domestica y deja de sufrir.
Se adapta. Se convierte en aburridamente colaborador y se puede quedar años en análisis masticando la carnada de la transferencia positiva sublimada que su analista le ha lanzado.
Así, mientras en la transferencia positiva sublimada el paciente quiere saber todo lo que sabe su analista ubicado en el lugar del sujeto supuesto al saber (Lacan, J., 1964), en la transferencia erótica y negativa queda suspendido el deseo de saber.
En la transferencia negativa, por ejemplo, el analizando rechaza la interpretación y la significación que da el analista porque no cree en su palabra.
No es una destitución subjetiva sino una caída del lugar de sujeto supuesto saber.
En la transferencia erótica, en cambio, rechaza la palabra del analista porque sólo cree en los hechos.
Caída del sujeto supuesto saber pero porque aquí la palabra del analista se ha convertido en palabra vacía para el analizando.
“Al igual que en el sueño el enfermo atribuye condición presente y realidad objetiva a los resultados del despertar de sus mociones inconscientes. Quiere actuar sus pasiones sin atender a la situación objetiva real.” (Freud, 1912, p. 105)
Todo al servicio del deseo. Se trata de la verdad del inconsciente, que gobernado por el principio de placer quiere descargar y realizar el deseo sin miramiento por la realidad.
Como en el sueño, la transferencia es realización de deseo.
Cuando aparece la transferencia del yo al servicio de la represión, el sujeto no habla.
En cambio cuando aparece la transferencia del ello al servicio de la realización del deseo, el sujeto no asocia, pero dice y exige en su decir. Ya no hay ni asociación libre ni incertidumbre en relación con el significante y significado; hay alucinación y transferencia al servicio de la repetición y de la realización del deseo.
4. Voy a tomar algunas citas del trabajo “Recordar, repetir, reelaborar” porque en ellas Freud (1914) plantea que:
4.1. Lo que se repite en transferencia es lo que nunca fue recuerdo. Lo que complica el concepto mismo de repetición.
4.2. Por un lado Freud afirma que todo recuerdo es recuerdo encubridor, y que en los recuerdos encubridores “no se conserva sólo algo esencial de la vida infantil, sino en verdad todo lo esencial. Sólo hace falta saber desarrollarlo desde ellos por medio del análisis. Representan {repräsentieren} tan acabadamente los años infantiles olvidados como el contenido manifiesto del sueño a los pensamientos oníricos.” (Freud, S., 1914, p. 150)
Estos recuerdos encubridores son a la realidad vivida como el contenido manifiesto de los sueños a los pensamientos latentes del mismo.
Por eso, la importancia del recuerdo no radica en el acontecimiento que el sujeto afirma o niega haber vivido, sino en el compromiso subjetivo del sujeto con el hecho que se recuerda.
4.3. Pero también existen “otros grupos de procesos psíquicos que como actos puramente internos uno puede oponer a las impresiones y vivencias –fantasías, procesos de referimiento, mociones de sentimientos, nexos- deben ser considerados separadamente en relación con el olvidar y el recordar. Aquí sucede con particular frecuncia, que se ”recuerde“ algo que nunca pudo ser ‘olvidado’ porque en ningún tiempo se lo advirtió, nunca fue consciente.” (Freud, S., 1914, pp. 150–151)
Hay que tener en cuenta de que hay vivencias importantes de la temprana infancia, que en su momento no fueron entendidas pero que fueron significadas con efecto retardado {nachträglich}, porque esta resignificación dificulta e incluso impide la recuperación del recuerdo haciendo que sólo se puede llegar a las vivencias a través de formaciones del inconsciente (sueños, actos fallidos, síntomas, transferencia).
4.4. Por otro lado es importante entender que cuando el sujeto no puede recordar repite. Entonces, la repetición se convierte en un modo de recordar porque hay algo de lo que se repite que no puede ser reducido a un elemento simbólico y a un recuerdo.
“El analizado no recuerda en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace.” (Freud, S., 1914, p. 152)
De modo que en el análisis se trataría de recorrer el fantasma en el que anida el deseo inconsciente para construir un recuerdo que no fue.
4.5. También puede darse el hecho, de que lo que ocurrió tenga menos importancia y valor de verdad que lo que se deseó y se reprimió y por eso el analizando repite algo que nunca pudo ocurrir.
4.6. Las resistencias comandan la secuencia de lo que se repite y el paciente extrae de sus mecanismos del pasado las armas con las que se defiende de la continuación de la cura. (Se resiste a la curación para conservar tanto el beneficio primario como secundario de la enfermedad.)
“La compulsión de repetición… es su manera de recordar.” (Freud, S., 1914, p. 152)
“Lo que más interesa es la relación de esta compulsión de repetición con la transferencia y la resistencia. Pronto advertimos que la transferencia misma es solo una pieza de repetición, y la repetición es la transferencia del pasado olvidado.” (Freud, S., 1914, p. 152)
Cuanta más resistencia, más tendencia habrá a sustituir el recordar por el actuar y repetir.
4.7. Freud se pregunta: “¿Qué se repite o actúa, en verdad? He aquí la respuesta: Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido se ha abierto paso hasta su manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de carácter. Y además, durante el tratamiento repite todos sus síntomas.” (Freud, S., 1914, p. 153)
De este modo la compulsión de repetición se convierte en una conceptualización unificadora de la técnica y esperar su producción se convierte en prioritario en relación con el recordar porque se trata de que la enfermedad se convierta en algo actual y no en un episodio del pasado; se trata de lo actual de la enfermedad y no de un hecho histórico que hay que recordar.
4.8. Pero repetir en lugar de recordar es convocar un fragmento de la vida real y a veces pueden surgir como repetición mociones pulsionales que hasta el momento no se habían abierto paso.
La tarea sigue siendo que el paciente recuerde, pero cuando no puede recordar repite, entonces se inicia otra batalla que es la de evitar que la repetición se convierta en un peligro para el paciente y comience a producir acting out.
Es decir, una batalla en la que se trata de que la repetición sea en la transferencia.
Y esto se logra transformando la compulsión de repetición en modo de recordar por medio de la transferencia.
Sólo en el apogeo de la resistencia descubre uno, dentro del trabajo en común con el analizado, las mociones pulsionales reprimidas que la alimentan y de cuya existencia y poder el paciente se convence en virtud de tal vivencia… (Freud, S., 1914, p. 157)
En la práctica, esta reelaboración de las resistencias… es la pieza del trabajo que produce el máximo efecto alterador sobre el paciente y que distingue al tratamiento analítico de todo influjo sugestivo (Freud, S., 1914, p. 157).
5. En “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” Freud (1915 [1914]) se pregunta ¿en qué se diferencian los fenómenos que se producen de modo artificial en la cura con los que se producen en la vida del sujeto y que los consideramos como reales?
En un primer momento dice que la diferencia radica en el hecho de que el amor de transferencia está intensificado por la resistencia y que por eso es más irracional que el de la vida.
Pero en un segundo momento dice que en realidad no hay tanta diferencia entre los dos tipos de amores e incluso piensa que son iguales.
Pero aclara que el analista no debe responder satisfaciendo la demanda del paciente porque sería el triunfo de la repetición sobre la rememoración.
Para Freud tanto el amor de transferencia, como el amor de la vida, son una repetición de los clisés inscriptos en el sujeto y están dispuestos a surgir cuando se le da una ocasión, permitiendo que parte de la libido introvertida se convierta en libido de objeto.
Todo amor tiene su prototipo en la infancia. No hay diferencia entre ambos tipos de amor.
Pero si para Freud la relación de objeto es una repetición, para Lacan es una invención (Miller, J. A., 1989).
El sujeto inventa al objeto de amor.
Esa es la razón por la que en la transferencia no todo es repetición. También hay una invención del analista, en tanto objeto, por parte del analizando.
Lo que caracteriza a cada sujeto es el a (Lacan, J., 1972–1973), es la invención, es el modo en que cada uno suplementa tanto su propia falta como la falta en el Otro.
Lo que hace que el objeto sea objeto es este a.
Pero para que el Otro sea a, el sujeto tiene que estar atravesado por la falta.
Por eso en la fórmula del fantasma Lacan (1957–1958) plantea que hay conjunción y disyunción del sujeto de la falta con el objeto a y que este fantasma se convierte para el sujeto en el soporte de la realidad y también en el soporte del encuentro con el Otro.
Hay un momento transferencial en que el analista, en tanto a, hace semblante del objeto, es decir, del objeto de deseo y hay otro momento transferencial en el que se transforma en lo que causa el deseo.
En transferencia, el analizando ama al analista porque le supone un saber. Aquí el saber tiene un valor fálico y el analista se convierte en semblante de la madre fálica, no atravesada por la castración.
Otra cosa es que el analista, desde un equívoco producido por su propio narcisismo, haga semblante del objeto y se coloque en el lugar imaginario del saber.
Como ya lo expuse en el encuentro de Madrid (Schoffer y otros, 2016): lo único que el analista sabe es que la experiencia analítica puede conducir a un saber sobre la verdad. Y este saber sobre la verdad, es que la verdad no es más que un ideal y que no sólo no apunta a lo real, sino que además tiene estructura de ficción.
La famosa frase de Lacan “Yo la verdad hablo” (Lacan, J., 1966) no dice que habla la verdad sino que habla y que esa es la verdad.
La palabra no sólo mata a la cosa sino que además la crea como real.
¿Qué es lo real?
Lo real es lo que no se puede apalabrar.
Y por eso, la verdad es que una vez que la palabra ha constituido a lo real el sujeto no puede cesar de hablar en un intento por regular el goce de lo real, de lo que no se puede apalabrar.
Cuando este goce de lo real se dispara el sujeto busca un objeto imaginario, que haga semblante y al que pueda cubrir con las vestimentas del a y es por eso que decimos que el Otro hace semblante de lo que le falta al sujeto.
Pero como las relaciones imaginarias están condenadas a la fragmentación (Lacan, J., 1966), el analizando busca la palabra que le permita sostener la completitud convirtiendo al Otro en causa de deseo.
Por eso el analista, en transferencia, ocupa el lugar del objeto a, y desde ese lugar puede poner el a en lugar tanto del semblante como del objeto causa de deseo para poder interrogarlo y transformarlo.
Interrogar al a para que el sujeto deje de errar en su goce y pueda interrogarse sobre la errancia de su deseo.
Interrogarse sobre el deseo es querer saber acerca del enigma que se hace presente en el sujeto del inconsciente: enigma que lo confronta con un saber sobre la imposibilidad de saber.
La destitución subjetiva del analista (Lacan, J., 1975–1976) del lugar de sujeto supuesto saber se produce cuando el analizando puede soportar su castración, la castración del Otro, es decir, cuando puede soportar que si el analista tiene un saber es un saber imposible, en la medida en que no se trata de un saber sobre el saber que no se sabe pero que se puede saber, propio de la represión secundaria, sino de un saber que no se sabe pero porque no se puede saber, propio de la represión primaria.
Y este es el final de la transferencia y por lo tanto del análisis, si es que existe tal final.
Esta es la experiencia psicoanalítica, la que lleva al sujeto a reconocer no sólo su incompletud sino también la castración del analista en tanto Otro.
Castración que dice que todo no se puede y que el analista es analista porque está habitado por la verdad de que lo real no se puede saber y por esa razón se despoja y es despojado de la vestimenta de a y deja de estar ubicado en el lugar tanto del objeto que hace semblante del objeto como del
lugar del objeto que causa el deseo.
Esta es la verdad, es la verdad de un saber sobre lo real en tanto interdicto.
Es la verdad de la castración, de una falta que no solo está constituida como una hiancia entre significante y significado o como hiancia entre la cosa y la palabra sino también entre un significante y otro significante a pesar de la insistencia de lo simbólico por hacer cadena, por combinar y sustituir.
Es la verdad de la falta como “la cosa”, el das Ding, que no se puede nombrar.
Si en Freud la secuencia es: sugestión, resistencia como repetición y repetición como recuerdo, en Lacan el abordaje de la transferencia pasa por una concepción imaginaria, luego simbólica y por último real.
Pienso que estos distintos abordajes sobre la transferencia no se excluyen entre sí y que en el análisis se producen fenómenos de sugestión, de repetición para no recordar y también de repetición como recuerdo; del mismo modo que el abordaje de la transferencia desde lo real no implica descuidar ni a la transferencia simbólica ni a la imaginaria.
Se trata de un saber hacer con la transferencia, caso por caso, y con la escucha analítica que no cede ante el deseo.
ABSTRACT
In this paper the author asks: what is remembered, what is repeated, what is transferred? What is remembered is the truth? What is repeated is the real? Taking as a central axis to the transfer, he approaches the subject from a read of Freud after Lacan and Lacan after rereading Freud. The relationship of object, as manifested in the transfer is repeat or it is an invention of the object by the subject?
KEYWORDS: recollection, repetition, transfer, truth, real.