Este artículo reflexiona sobre la paradoja en la que se encuentra la rebeldía y la obediencia desde los planteamientos del marxismo y los relaciona con ideas fundamentales del psicoanálisis. A partir de ahí realiza una crítica al modelo político y económico, evidenciando la paradoja actual en la que se halla el sujeto con su goce. Solo la verdad le brinda al sujeto librarse de las imposiciones del capitalismo, le posibilita la rebeldía. El artículo finaliza con una crítica a los movimientos contrahegemónicos.
Durante los últimos años en el mundo han surgido movimientos contrahegemónicos y desobedientes que van en contravía de las elites gobernantes, representan un cambio en las políticas neoliberales que han afectado a las distintas sociedades, una vez estos partidos se toman el poder realizan reformas políticas y económicas que intentan volver más amigable la explotación capitalista, pero no logran transformar las estructuras sociales ni económicas, sino refuerzan el modelo capitalista, dado que se hacen evidentes las contradicciones surgidas con el capitalismo que tienden a acabar con la insurrección política.
En la sociedad capitalista actual se le ofrece la libertad al sujeto, se le da la opción de escoger una amplia gama de estilos de vida, además, puede identificarse con muchas visiones políticas, las que proponen beneficios para la sociedad, pero, lastimosamente se cambia todo para que todo siga igual. Al parecer la libertad ha segado la vista de la realidad social del sujeto, en la actualidad, tal y como en El Mundo Feliz de Aldous Huxley, el capitalismo ha banalizado la vida del sujeto, convirtiéndolo en un ignorante a quién solo le interesa su vida, sin cuestionarse sobre su papel en la historia. La trivialidad toma importancia, mantiene saturado al sujeto en modelos de vida que no lo satisfacen ni benefician, el empuje al goce, le imposibilita ver más allá, lo sumerge en un mar de olvido y el sujeto no puede asumir su papel en la historia.
En este artículo se pretende analizar la realidad actual a la luz de los planteamientos del psi-coanálisis y del marxismo. Por ello se relacionan los dos pensamientos con un concepto fundamental que aborda sus teorías, es decir, la verdad.
Psicólogo y Magister en Psicología Clínica de la Universidad Nacional de Colombia. Doctorante de la Universidad de Brasilia Email:
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En ambos campos, asumir la verdad es un acto insurreccional contra las imposiciones sociales.
La época de Karl Marx fue influenciada por el inicio del capitalismo con el ascenso de la burguesía al poder, la mercantilización de la vida y el inicio de revueltas obreras. El fantasma del comunismo recorría Europa, al obrero se le privaba de todo lo que producía y su poder adquisitivo solo le alcanzaba para sobrevivir en un mundo de cambios científicos y de ritmos de vida, al vender su fuerza de trabajo, el proletario se sumergía en un mundo donde las ideas que pensaba no eran producto de su intelectualidad, sino de las clases dominantes, su realidad dependía de los intereses de la clase burguesa y solo representaba una cifra.
A partir de este momento, Karl Marx plantea; las ideas y valores de una sociedad que justifican el orden existente provienen de las clases dominantes, estos valores son transmitidos por El Estado, la iglesia y la familia. Los hombres son los productores de sus ideas, pero estas se encuentran condicionadas a un determinado desarrollo de su fuerza productiva, se expanden gracias al intercambio, lo que obliga al obrero a relacionarse con una sociedad mercantil e intercambiar su fuerza de trabajo por la posibilidad de solventar algunas de las necesidades básicas. En este intercambio se transmiten las ideas y valores que dominan la sociedad, estableciendo un orden, por lo tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase, la clase dominante, son también las que confiere el papel dominante de sus ideas a todas las clases (Marx & Engels, 1932/2014).
Todos los cambios políticos dentro de una sociedad no son transformaciones de fondo que beneficien a las clases oprimidas sino formas ilusorias (Fantasme), distorsionan la realidad y no alteran los modos de producción, sino que establecen otro tipo de explotación a la que el obrero cede fácilmente, su poder adquisitivo aumenta un poco, pero esto no quiere decir que sea adinerado, el dinero no es sinónimo de riqueza, son los medios de producción los que la generan, con esto se subestiman las verdaderas transformaciones.
Lo paradójico es que el sujeto alienado a la economía del mercado, el esclavo, el obrero, aseguran ser más libres, la sociedad le permite adquirir más bienes para su beneficio, pero en realidad están subordinados a un poder material. La mercancía comienza a nublar las ideas de los sujetos, la relación mercantilista por el fetiche esconde una verdad, la subordinación al trabajo y la explotación a la clase obrera (Marx, 1867/1981). El obrero desconoce su propio poder, está sumergido en relaciones de producción, además, el goce vivido lo invita a repetir hasta el fin de sus días.
Siguiendo con lo anterior Antonio Gramsci planteo el concepto de hegemonía, él vivió en un período donde se dio una revolución proletaria que reivindicaba al Fascismo. Las bases ideológicas de la revolución fascista impusieron estilos de vida al obrero para mantenerlo inactivo políticamente, sin embargo, aún existía una clase revolucionaria que se oponía a la falsa libertad y luchaba por la unidad de la clase trabajadora.
Otro aspecto importante del momento histórico que vivió Gramsci, fue el de la expansión del capitalismo Keynesiano-Fordista (Gramsci, 1984) (el término Fordismo lo planteo Gramsci) en Estados Unidos, esto generó migraciones de muchos obreros a ese país, podían ganar más dinero para garantizar su existencia y adquirir bienes para subir su status social, conciliaban en aspectos importantes sobre el bienestar de los trabajadores y a la vez podían adquirir los bienes producidos, esto implicó que hubiera más fluidez de capital dentro de la sociedad norteamericana.
Así, los obreros podían disfrutar de los mismos bienes que los burgueses y la producción aumentaba, debido a que había más turnos de trabajo con menos horas de duración, al adoptar este modelo muchos sindicatos y movimientos políticos adoptaron el pensamiento de Ford y lo volvieron propio, esto posteriormente se transformó en el sueño americano. Durante ese momento, en Estados Unidos se vivió la época de prohibición del alcohol para garantizar la producción óptima del obrero y que gastase su dinero en las empresas
donde trabajaba, repitiendo el eterno retorno de la lógica capitalista.
La definición que plantea Gramsci de hegemonía; implica lograr la conciencia de que los propios intereses corporativos, en su desarrollo actual y futuro, superan los límites de la corporación, de un grupo puramente económico y pueden y deben convertirse en los intereses de otros grupos subordinados. Esta es la fase más estrictamente política, que señala el neto pasaje de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas, es la fase de las ideologías, que transforman en partido, esta tiende a prevalecer e imponerse, a difundirse por toda el aérea social, determinando, los fines económicos y políticos, El Estado es concebido como organismo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión del mismo grupo (Gramsci, 1984).
El Estado posee herramientas para mantener el control al interior de la sociedad, una de ellas es la escuela, donde forman a los niños a seguir las normas, la formación legitima prácticas sociales que mantienen al sistema. La escuela no es un espacio donde surge la rebeldía sino la obediencia, no hay espacio para expresar la inconformidad. Una vez que termina con su principal función, la cual es formar a nivel intelectual, los jóvenes quedan obligados a vender su fuerza de trabajo.
La escuela como función educativa positiva y los tribunales como función educativa represiva y negativa, son las actividades estatales más importantes para mantener el control al interior de la sociedad. Pero en realidad, hacia el logro de dicho fin, tienden una multiplicidad de iniciativas y actividades denominadas privadas, que forman el aparato de la hegemonía política y cultural de las clases dominantes (Gramsci, 1999a). A diferencia de la dominación que es coercitiva, esta se realiza sin usar la violencia para ejercer el control, se podría plantear en la actualidad que la hegemonía es una dominación social y psicológica. Esto se logra con las nuevas formas de gozar que ha impuesto la sociedad de consumo, la vida queda subyugada al goce.
Otras de las prácticas con las que se establece la hegemonía, se da con el régimen parlamentario, es una forma con la que aparentemente el pueblo, a través, de sus líderes políticos es representado.
El ejercicio normal de la hegemonía en el régimen parlamentario se caracteriza por la combinación de la fuerza y el consenso, que se equilibran en formas variadas, sin que la fuerza rebase demasiado al consenso, o mejor tratando que la fuerza aparezca apoyada por el consenso de la mayoría, que se expresa a través de los órganos de la opinión pública (periódicos y asociaciones), los cuales, con ese fin, son multiplicados artificialmente, la información expresada por los medios es idéntica, con esto se obtiene un consenso en los ciudadanos, lo que legitima sus acciones dentro de la sociedad, perjudicando a los mismos ciudadanos sin que ellos sean conscientes de lo que están padeciendo (Gramsci, 1999b).
El Estado puede ser definido como representante de toda tentativa de cristalizar de forma permanente una determinada etapa de desarrollo, una determinada situación. La sociedad política monopolizada por un determinado grupo privilegiado, que anexa la iglesia, medios de comunicación y educación para defender mejor su monopolio, con el sostén de aquel sector de la “sociedad civil” representada por esta última (Gramsci, 1999b).
La cristalización del personal dirigente que ejerce el poder coercitivo y que hasta cierto punto se transforma en casta. De ahí la reivindicación popular de la elegibilidad de todos los cargos representativos que constituyen el punto extremo del liberalismo y al mismo tiempo su disolución, no hay una hegemonía sin una clase dirigente que pueda aparecer como la clase progresiva del país, que ayuda a toda la sociedad, concilia pocas cosas para aparentar un gobierno de todas las clases (Gramsci, 1999b).
Por lo tanto, la elite política ejerce el poder desde la formación académica hasta imponiendo estilos de vida, para instaurar un aparente consenso que invisibiliza las contradicciones de la producción capitalista y el régimen político. La lucha por la hegemonía transciende el campo de lo económico y político.
La hegemonía adquiere la lucha de las relaciones
de fuerza, se da en distintos momentos, unos sectores en lucha buscan validar su propia hegemonía, que se convierta por la dirección y ética de la sociedad. De ahí surge el concepto de contrahegemonía, las clases explotadas buscan la construcción de conciencia política, busca pasar de los intereses particulares a intereses generales. A través, de medios de comunicación alternativos, reuniones políticas y la reivindicación de la subjetividad, realizan trabajo político para convencer a los explotados de las posibles transformaciones, que harán si toman el poder, buscan transformar al sujeto, en un sujeto rebelde que debe obedecer unos principios revolucionarios.
La hegemonía homogeniza al ciudadano bajo sus propios intereses, su objetivo principal es la obediencia, la búsqueda de acumulación de objetos, de esta manera se aprovecha de su fuerza de trabajo y sostiene su régimen político, impone estilos de vida, para que el sujeto viva en el goce. Las instituciones se convierten en herramientas de dominación, regulan las relaciones entre los ciudadanos y propone unos estándares correctos de relación, por ejemplo, intentan aprobar y desaprobar prácticas sexuales en medio de la cuarentena mundial.
La rebeldía surgió tras el asesinato del padre primordial, sus hijos querían desobedecer las normas para disfrutar de todas las mujeres, pero el asesinato crea un orden que se impone como ley, restringiendo el comercio sexual. Es decir, el padre sigue gobernando, dado que sus hijos legitiman la ley con la práctica y exigen su cumplimiento, sus hijos son portadores de la ley, quieren crear un nuevo orden. Las nuevas sociedades se edifican con el sepultamiento definitivo del padre anterior y el surgimiento de otro (Freud, 1913/2006).
La rebeldía es algo natural de la esencia del sujeto, a lo largo de su vida se rebela de ciertas imposiciones y crea unas nuevas para imponer su ley. Por eso, toda rebeldía busca establecer un nuevo orden, como sociedad es imposible escapar a la ley, ella organiza la vida colectiva. Las revoluciones son paradójicas buscan liberarse del antiguo régimen para imponer otro.
Lo subalterno, lo contrahegemónico o lo rebelde necesita de un sistema de pensamiento y obedecer a dichos principios, necesita de un orden interno para legitimar sus prácticas. Sin una consigna revolucionaria es imposible construir un nuevo proyecto político, se reduciría a acciones desadaptadas.
El final de los tiempos sobreviene cuando se impone un nuevo orden y se supera el momento de concluir. La sociedad actual no ha logrado superar sus propias contradicciones, por eso es incapaz de imaginarse una sociedad anticapitalista, pero la sociedad actual llegó a un momento donde su discurso no produce nada. No obstante, el capitalismo permanece en el tiempo, se sostiene por medio de una promesa incumplida.
En este sentido la rebelión se trataría de una lucha por una sociedad anticapitalista, el problema, es que para la mayoría de masas es imposible pensar en un nuevo mundo, el socialismo, no logró superar sus propias contradicciones, fue incapaz de dar un salto cualitativo, no obstante, los procesos históricos no son lineales, siempre hay retrocesos para acumular aprendizajes, esto se evidencia con la precariedad laboral que el mundo se encuentra. El problema actual de los rebeldes es que no tienen principios políticos claros y en medio de la pluralidad creada por el neoliberalismo, surgen contradicciones que debilitan su accionar.
Mientras el capitalismo invada la subjetividad será imposible acabarlo, por eso la desobediencia se da en otros campos no solamente el de confrontación política, sino en otros espacios. Se trata de una lucha por la hegemonía y esta se sostiene con las prácticas que legitima el sujeto en su cotidianidad.
Es imposible conciliar lo incompatible, por eso los movimientos políticos deben tener claros los principios ideológicos, la lucha política se trata de crear un nuevo sistema y no reformar el antiguo, dado que el sistema político está cimentado en sus propias contradicciones. Los cambios históricos se dan con la superación de sus contradicciones
e implican saltos cualitativos, el sistema no cambiará de manera inesperada y rápida, no obstante, hay que aprovechar los momentos coyunturales. Aunque es evidente la fragilidad de la sociedad, cualquier crisis destapa su decadencia.
La contradicción que se da entre la obediencia y la rebeldía, se supera en la medida que las masas vayan asumiendo su responsabilidad. Ambas irán de la mano, surgen en el mismo momento, sin ellas es imposible construir lazo social. El capitalismo en medio de sus propias contradicciones, destruye el lazo social entre los ciudadanos, les impone la acumulación excesiva de fetiches de mercancía, pero en realidad la promesa es incumplida, el sujeto proyecta en los objetos cualidades que no posee.
La rebelión es un medio para recuperar lo perdido, lo explotado, pero es imposible de reconquistar, debido a que el sujeto se encuentra con la falta para liberar su singularidad. Con el triunfo de la rebelión y la imposición de un nuevo orden se evidencia que no existe un retorno de lo perdido, Lacan ejemplificaba esta situación con la idea que un Estado socialista nacionalizara toda su riqueza, no quiere decir que la plusvalía dejara de existir (Lacan, 1969-1970/1992).
“El capitalismo está en crisis”, “estamos cerca del final de capitalismo”, “vivimos en el fin de los tiempos”, son frases que se escuchan a menudo en conversatorios filosóficos, protestas, contiendas políticas, etc., pero ¿realmente estamos ad portas de la caída del capitalismo? Como sistema político puede mantenerse en el tiempo y condenarse a una repetida crisis, todas sus anteriores crisis remiten a lo mismo, su “cura” no se ha dado porque el sujeto es incapaz de apoderarse de la angustia.
Con el pasar del tiempo, las sociedades se han transformado en beneficio del libre mercado, imponiendo cambios abruptos en el ritmo de vida del ciudadano, de ahí surge el desinterés del sujeto por la política. El capitalismo impone un sin-límite, donde no hay prohibiciones que regulen la vida colectiva y se busque solo la satisfacción, todo absolutamente todo es posible dentro del capitalismo, la ausencia de restricciones lleva al sujeto a la búsqueda de objetos que puedan satisfacerlos, pero a cambio el sujeto se debe someter a las leyes del mercado que lo enajenan de su propia realidad.
En teoría el capitalismo no genera insatisfacciones en el sujeto, aparentemente puede satisfacer todo lo inimaginable, pero es imposible debido a la naturaleza del ser humano. El objetivo del capitalismo es enajenar al sujeto político de su realidad, ofreciéndole un mundo sin sufrimiento y de máximo placer, a cambio debe venderse como fuerza productora. Sin embargo, el sufrimiento persiste, porque proviene del interior del cuerpo, del mundo exterior y las relaciones con los otros (Freud, 1931/2006).
La libertad que promueve el capitalismo se da bajo la supuesta promesa de alcanzar la felicidad a costa de la acumulación de objetos de mercancía, a través, de esto se promueve una obediencia cultural que limita el accionar subjetivo de los ciudadanos. En el capitalismo el sujeto pierde algo, es homogeneizado, por eso se vuelve obediente a sus imposiciones. El goce vivido por las mercancías, es un intento repetitivo truncado de recuperar lo perdido. Entre más sienta libre el sujeto de gozar con mercancías más se somete a la obediencia.
El goce es un término propuesto por Jacques Lacan a partir de su lectura del Más allá del principio de placer, remite a la tendencia del sujeto a transgredir los límites del placer, pero el resultado de esta operación no da más placer, sino al contrario, se genera dolor, el sujeto solamente puede resistir una cierta cantidad de placer, se convierte en un placer doloroso, Lacan se dio cuenta que el sujeto repite penosamente sus malestares sin saber el motivo, el hombre es un animal que puede caer en el mismo abismo muchas veces (Chemama, 2008). Esto ocasiona que el sujeto repita las experiencias y circunstancias dolorosas sin encontrar una explicación alguna. La definición expresa la satisfacción paradójica que se obtiene a partir del síntoma, pues siempre hay una satisfacción inconsciente (Lacan, 1969-1970/1992, págs. 52-53).
A través de la lectura de Hegel, Lacan plantea que el goce es algo subjetivo, particular, imposible de compartir, inaccesible al entendimiento humano y opuesto al deseo, es una forma particular de satisfacción, busca exceder los límites de la ley. La búsqueda de goce desenfrenado, es un intento frustrado de tapar la falta primordial, es imposible revivir la primera satisfacción, repetir lo mismo no traerá consigo el primer goce.
Para gozar es necesario que exista un cuerpo habitado por el lenguaje, no se puede gozar con el cuerpo del otro, solo hay goce en el cuerpo propio. El goce ata al sujeto a la repetición de un placer que nunca obtendrá, una vida guiada bajos los designios del goce, le traerá más rápido la muerte, el cuerpo no resiste tanto placer doloroso (Braunstein, 2009).
Debido a las características del capitalismo, la explotación mercantil, el excesivo consumismo y la soledad constante en la que se encuentra el sujeto, se agudiza el sufrimiento humano, muchos de los males del ser humano son producto de la vida, entorno a la acumulación de bienes, estos producen alguna satisfacción, el goce producido por estas mercancías imposibilita al obrero asumir su papel en la sociedad, este goce se sostiene con la fantasía de satisfacción completa, el goce es el conductor de la vida del sujeto, pero lo lleva a la muerte, el cuerpo no puede resistir.
Realmente ningún ser humano verá cumplir las promesas propuestas del capitalismo, el sufrimiento persistirá en la vida del sujeto, nada lo hará feliz, pero el obrero sigue sumergido en la ilusión, se satisface con las mercancías ofrecidas por el capitalismo, esto hace que no se dé cuenta, que el sostiene al sistema, él es esclavo que perpetua su propia desgracia.
Los nuevos desarrollos de la ciencia, han fortalecido al capitalismo, el imperativo actual es consumir y gozar con mercancías, en este momento, todos los proletarios pueden gozar con los objetos mercantiles que produce sin la necesidad de ser un burgués, ya que su poder adquisitivo ha aumentado y sus horas de trabajo han disminuido. Con los medios de comunicación que son herramientas de la hegemonía, se imponen modelos de vida que legitimen sus ideas políticas y mantengan un orden dentro de la sociedad. Esas imposiciones tienen como meta hacerle pensar al proletario que la vida solo se trata de obtener placer a toda costa. El placer es la mejor forma de control, seduce al sujeto a venderse como fuerza de trabajo. La hegemonía a través de imperativos controla y legitima sus acciones a través del goce.
El capitalismo no está cerca de su fin, las crisis son de su propia naturaleza. Se sostiene a partir de la hegemonía, dado que cada día se hacen más notables las divisiones de clases, pero no ocurre un estallido social, sino por el contrario se afianzan políticas que perjudican al ciudadano, obrero o sujeto. El goce experimentado por las mercancías hace que el sujeto se quede inmóvil y no asuma posiciones críticas frente a la realidad, el obrero prefiere vivir gozando e ignorar su miseria.
El goce es la mejor forma de control, seduce al sujeto a venderse como fuerza de trabajo, sin cuestionar los acontecimientos de la realidad, ya que el goce sentido por las mercancías, lo hace repetir esa sensación, dado que el cuerpo lo demanda, los sentimientos que emergen después del consumo de estos objetos, suelen ser aterradores y siniestros que obligan al sujeto a consumir lo mismo o algo más “satisfactorio” que elimine estas conmociones y para lograr esto debe venderse como fuerza de trabajo sin preocuparse por el otro. La hegemonía a través de imperativos controla y legitima sus acciones a través del goce.
El sujeto espera encontrar el goce real al consumir el producto, pero ese goce real no se consigue. El individuo siempre va a tener una necesidad constante de encontrar ese goce real. El consumismo ha logrado su objetivo, debido a que hoy en día se ha reconfigurado la lógica del deseo, por medio de efectos fantasmáticos y las vivencias de goces momentáneos (Stavrakakis, 2010). El goce que vive el sujeto existe algo que no puede ser simbolizado, que produce una relación de dependencia de los objetos, es un intento frustrado de recuperar lo perdido, se asemeja al goce primordial. La falta parece ser cancelada por una satisfacción plena de múltiples objetos a, transformando al sujeto en consumidores de goce.
El encuentro mítico con el objeto, imposible de repetir, da como resultado el surgimiento del sujeto y su falta incalmable. La elite política se aprovecha de esta situación para vender la promesa de llenar al sujeto con felicidad (Freud, 1931/2006). La libertad válida para la hegemonía surge a partir de la obediencia a la norma, esto quedó en evidencia, al sistema le perjudica las multitudes que se rebelan y no las que van a comprar, en medio de una pandemia, teniendo más posibilidad de contagiarse que en una protesta pacífica. El goce homogeniza y condena bajo la repetición, por eso la política del deseo implica la sublevación de las imposiciones del Otro, se torna subversiva, se da prioridad hacia la transformación y lo singular contribuyendo con un cambio social.
El goce atrapa, consume y destruye al sujeto, el producto rellena la falta, pero se desvanece y hace sentir el vacío de forma abrupta, se consume para olvidar su carencia. Cuando se niega la falta y se intenta taparla saturándola con objetos, surge la depresión. No es raro que, en este momento, la depresión sea la enfermedad mental más frecuente en el mundo, la sociedad está repleta de goce, sin el deseo no hay nada que impulse al ser humano y la levedad se vuelve insoportable.
El obrero obedece a la producción, en la actualidad acumula más dinero para comprar, pero esto no quiere decir que acumule riqueza, sino que puede gozar con más facilidad. A partir, de esa ilusión la clase trabajadora legitima la hegemonía, acepta la imposición del estilo de vida propuesto por la élite en el poder. La consolidación de la hegemonía, se da con la práctica de la obediencia, se acepta las reglas del juego y hay un consenso sobre la manera de vivir.
El sujeto se vuelve un instrumento de la clase dominante, del amo, puede vivir en libertad, pero no puede ejercerla, está subyugado por las ideas dominantes y las sostiene. No puede plantearse otra visión del mundo, solo ha visto lo que el amo lo deja ver, pero no se da cuenta que la fuerza del amo depende exclusivamente de su fuerza y se conforma con las migajas que el amo le da, el esclavo no deja de ser esclavo cuando su amo muere (Lacan, 1968-1969/2008).
El individualismo se ha impuesto como una práctica cotidiana del sujeto, surge en las sociedades, a medida que se va estableciendo el capitalismo en la cultura, dado que el capitalismo exalta la satisfacción individual con bienes y genera estereotipos de vida entorno a la acumulación de bienes.
El goce impuesto por el consumismo hace que el sujeto se encierre en sí mismo, se olvide de los otros y que solo se preocupe por sí mismo, prima el bienestar individual sobre lo colectivo; se evidencian comportamientos, como el egoísmo, avaricia, esto dificulta relacionarse con los otros, el ser humano está sumido en las lógicas de acumulación. El otro no es visto como soporte, apoyo, ni contención, con esto surgen enfermedades mentales, el dolor se torna insoportable, de ahí; la depresión y la soledad.
El ciudadano se pone al servicio de la producción capitalista, reproduce la ideología como un intento fortuito de recuperar lo perdido. El goce se vincula al cumplimiento de los mandatos de la sociedad capitalista, lo que somete al sujeto a gozar de las imposiciones culturales. La hegemonía somete al sujeto a la vivencia de goces efímeros, para limitar su realidad. Existe una ilusión de libertad, debido a que hay la posibilidad de consumir desaforadamente, el goce permite la dominación del sujeto, su objetivo es el de negar la falta.
El otro solo existe para satisfacer las demandas del sujeto, pero no para propiciar cambios. El goce en los últimos tiempos ha propiciado el crecimiento del narcisismo, no se necesita al otro para gozar, los otros son sombras que apenas están en la vida del sujeto, el goce acumulado impide la búsqueda del deseo. El narcisismo impide ver al otro como a alguien independiente de sí mismo, por eso, en este momento histórico han surgido tendencias intelectuales que validan la existencia de múltiples realidades y que cada sujeto vive en su mundo, pero la verdad es que existen acontecimientos que afectan a la realidad independientemente de la realidad del sujeto,
como la pandemia actual, las crisis económicas y sociales.
El goce en los últimos tiempos ha propiciado el crecimiento del narcisismo, no se necesita al otro para gozar, los otros son sombras que apenas están en la vida del sujeto, el goce acumulado impide la búsqueda del deseo. El narcisismo impide ver al otro como a alguien independiente de sí mismo, por eso, en este momento histórico han surgido tendencias intelectuales que validan la existencia de múltiples realidades, que cada sujeto vive en su mundo, pero la verdad es que existen acontecimientos que afectan a la cotidianidad independientemente de las vivencias del sujeto, como la pandemia actual, las crisis económicas y sociales.
Los individuos en el mundo actual buscan prescindir de la realidad, dado que es más difícil para el sujeto crear lazo con el otro. La realidad es frustrante, no es como la hace ver la hegemonía, el American way life no es más que una patraña, inventada para aumentar la explotación y enajenar al sujeto de la vida política, el aumento de libros motivacionales que terminan estresando al sujeto, por su incapacidad de no lograr sus metas propuestas. El sujeto busca desprenderse de la realidad, crear su propio mundo, donde posea el control, pero eso no es una solución, lo Real emerge y se impone abruptamente en el sujeto. El sujeto puede subvertir el orden, para crear uno nuevo, pero jamás podrá vivir sin orden.
El goce está ligado a hacer siempre lo mismo, el obrero sueña con un goce absoluto, por eso es obediente, quizás por eso sueña que al final de su vida le será retornado su sacrificio en el reino de dios, el goce completo es imposible, debido a esto Marx, criticó la religión (Marx, 1843-1844/1982), por su contribución a la opresión del sujeto, lo ilusiona. Planteaba que era necesario abolirla para que el sujeto construyera su propia felicidad, luchando por un futuro sin explotación, desenmascarar al goce para que emerja el deseo (Lacan, 1966/1980). Esto significa que renunciar a la religión o al capitalismo es dejar la ilusión de completud y exigencia de su propio deseo.
En el capitalismo actual el sujeto termina obedeciendo al goce, sus imperativos de consumo, hasta que el cuerpo aguante, es una situación similar a la que planteó Aldous Huxley en el mundo feliz, donde el placer conducía la vida del individuo, y era a la vez imposible escaparse de esa situación, toda la vida social del sujeto esta permeado por las imposiciones del placer, al parecer la única escapatoria es la muerte. El goce con mercancías es un intento de recuperar lo perdido, lo vivido, la alienación implica la renuncia a ciertos momentos de la vida para recibir a cambio dinero, que le permitirá sobrevivir y gozar con el tiempo libre que tiene, la repetición es un intento de regresar al inicio, pero fracasa, el tiempo jamás regresa.
La mejor forma de condenar al sujeto es infringiéndole placer para que tenga la ilusión y sueñe sobre las posibilidades que su vida mejore con un goce absoluto, esto se sostiene a través de la hegemonía, debido a que ella promulga estilos de vida y limita el goce a las mercancías. El ciudadano renuncia a su propio deseo para saciar las demandas de goce, que lo terminan homogeneizando. No obstante, el sujeto no está constituido para la obediencia incondicional, algo lo traicionará.
Las transformaciones históricas imponen un cambio de la realidad en la que se encuentra el sujeto, además de la superación de contradicciones sociales, económicas y políticas. Por ejemplo, el paso de la edad media, implicó cambiar la concepción del ser humano. Considero que la actualidad enmarcada por el capitalismo, ha imposibilitado la superación de las contradicciones desde las ideas de Kant que es el filósofo que inicia con la modernidad. Por eso es común en esta época que resurjan visiones que se suponen que ya fueron superadas, por ejemplo, se habla de un retorno a Freud, a Lacan, también a Marx y Lenin, incluso a Milton Friedman. En la política también sucede lo mismo con el retorno del fascismo en las contiendas electorales, como si no hubieran sido derrotados en 1945. El capitalismo actual vive en constantes repeticiones, que no han sido superadas.
Los nuevos tiempos no han cambiado la sumisión del sujeto ante su contexto social, político y económico, por lo que se puede decir que
su realidad sintomática sigue siendo similar a la descrita por los grandes maestros como Freud, Klein, Lacan, lo único que cambia es el objeto debido a los desarrollos científicos, tecnológicos de la sociedad actual. La imposibilidad de superar el momento histórico actual se debe a la repetición, la historia se repite como tragedia y farsa. Considero que la superación del momento actual convertiría al sujeto más crítico acerca de su dominación y su rebeldía. No ha existido ningún momento en la historia en el que el sujeto se encuentre tan sometido como en la actual, pero a la vez posee herramientas de análisis y rebelión para resistir las imposiciones.
El ser humano se encuentra dominado por fuerzas hegemónicas que el mismo legitima en su vida cotidiana, estas le imponen gozar y acumular todo lo que pueda, mientras el sujeto está sometido a las cadenas de explotación. En ningún otro momento de la humanidad, el sujeto había acumulado tanta libertad, como la tiene hoy, puede gozar con objetos inimaginables. Su libertad y felicidad, queda sometida a la voluntad de un objeto o a su capacidad de compra. Al someterse a la cultura capitalista queda subyugado a los espejismos de goce que ofrece el capitalismo, pero no es libre, sus cánones de felicidad son impuestos por la clase dominante que buscan siempre lo imposible, el sujeto debe aceptar lo imposible de la felicidad (Koren, 2008).
La gran paradoja del sujeto alienado a la sociedad capitalista, es que alberga la ilusión de independencia, autonomía, libertad, originalidad y singularidad, cuando en realidad nunca antes los sujetos han llegado a ser tan dominados como en la época actual, el capitalismo ha dominado todos los aspectos de la vida del hombre, hasta el punto que el sujeto no encuentra otra forma de vivir sin él. El sujeto se encuentra en una paradoja debe obedecer a la supuesta libertad para permanecer en la sociedad, sacrifica su libertad para vivir un goce efímero.
El modelo de la democracia actual no se diferencia de los anteriores modelos políticos, el ciudadano participa, pero las clases dominantes deciden. Las crisis políticas son el reflejo de la incapacidad de las clases dominantes, pero no reflejan una transformación, el capitalismo ofrece un sinnúmero de opciones para escoger lo mismo. El sujeto concilia, intenta transformar y fracasa, no construye un nuevo mundo sino legitima al anterior.
En la democracia actual, la publicidad es cada vez más utilizada en las contiendas políticas, las ideas políticas, no se debaten entre sí, excepto solo para cautivar al elector dentro de una campaña publicitaria. En el presente no hay debates políticos, sino una lucha por apresar a las masas y así legitimar su poderío político. El ciudadano no participa en las decisiones políticas, solo vota cada vez que hay elecciones, además, el ciudadano no tiene interés en la política y prefiere que alguien más tome las decisiones.
Las elecciones políticas solo se tratan de vender candidatos. A través, de los aparatos de la hegemonía, no se debaten las ideas políticas, hay un consenso entre las clases dominantes para mantener el “orden”; se asemeja a una venta de servicios. Debido a esto, en muchos países los candidatos compran los votos a los ciudadanos, intercambian favores para recibir apoyo y grandes inversionistas terminan apoyando a un grupo. ¿Acaso eso es democracia? Las votaciones solo legitiman al grupo que va a dominar por un tiempo determinado, no transforman la realidad, con esto la clase dominante perjudica siempre al ciudadano con las reformas políticas y económicas, ellos gobiernan para beneficio de su grupo político, además, de algún lado deben pagar la inversión realizada para cautivar al elector.
Los escándalos y crisis que son generadas por la clase dominante, se hacen evidentes por las rivalidades que hay entre sectores de las mismas. Las crisis se hacen notorias cuando hay intereses de una parte del grupo dominante para ejercer el poder, esta escisión de la clase dominante solo busca obtener más beneficios para los suyos.
La dominación se hace evidente, pero nadie se arriesga a cambiarla, las nuevas tecnologías han transformado las relaciones con los otros y
aparentemente han mejorado la calidad de vida, pero el ser humano sigue siendo el mismo y sostiene la ilusión de ser libre. Se institucionaliza la mentira para mantener el orden en las distintas esferas de la sociedad. La historia oficial se impone a través de un despliegue propagandístico para legitimar sus acciones frente a la ciudadanía e imponer su visión particular sobre la realidad.
La democracia no se trata de legitimar las acciones de la hegemonía. Se trata de una práctica de acción común y construcción común de nuevas posibilidades capaces de introducir la idea de autogobierno y el respeto a las singularidades que conforman el colectivo, a partir, de esto se transforman las relaciones de dominación (Rodríguez & Seco, 2007).
Por lo tanto, en el momento actual no hay democracia, sino un modelo político impuesto para legitimar las acciones políticas de las elites. En un modelo político democrático, hay una interacción participativa entre todos los miembros de la sociedad, los pueblos no están para aceptar las imposiciones políticas sino para protagonizarlas, es decir, participar activamente en el proceso y asumir la responsabilidad de las mismas. En la democracia, el sujeto no elude su realidad, sino busca transformarla.
La construcción de la democracia no solo se trata de crear nuevos movimientos contrahegemónicos, sino crear un lenguaje político que transforme la conciencia política, donde exista la diversidad y no la unificación de prácticas capitalistas, el lenguaje también es un campo de batalla. A partir de ahí, los movimientos políticos dirigen sus esfuerzos hacia la edificación de una nueva realidad política (Rauber, 2015).
La rebeldía no trata de conciliar, sino transformar el sistema antiguo por uno nuevo, debido a que en la conciliación no se resuelven los problemas de raíz, se evita la radicalidad, la sociedad no logra concebir un mundo sin capital. Algunos movimientos políticos buscan integrar la hegemonía no para transformarla, sino para recibir beneficios. La desobediencia política debe ir encaminada a transformar el sistema político, no a la obtención del poder. Soñar con un mundo diferente y hacer lo imposible por crear un nuevo mundo.
El psicoanálisis y el marxismo concuerdan que el desarrollo sano de la personalidad del sujeto depende de la verdad, la ausencia de la verdad deteriora la personalidad, aliena al sujeto a una sociedad de apariencias. El objetivo principal de las dos disciplinas es que el sujeto descubra su verdad, para que actúe conforme a ella. Para el psicoanálisis el inicio de la transformación se da cuando el sujeto asume su verdad inconsciente y para Gramsci el inicio de los cambios políticos se da cuando el explotado asume la verdad.
En este sentido, es necesario que la clase revolucionaria adopte la verdad como soporte de su lucha política, para diferenciarse de las elites. La verdad para Gramsci no es algo que se revele de improviso o que se posee, la verdad está ligada a intereses individuales que deben confrontarse y moderarse recíprocamente, la verdad es revolucionaria, le permite al sujeto asumir una lucha política frente al capitalismo. Los momentos de lucha son inevitables, por tanto, para que la verdad se forme y sea reconocida con el consenso activo de los interesados, se obedece a la verdad revolucionaria que desobedece a los ideales de la clase dominante (Gramsci, 1999a). La verdad es una revelación que tiene efecto emancipador en el sujeto, pero el hecho de conocerla no conducirá al acto (Lacan, 1966/1980).
La verdad es el fiel testimonio de la realidad, eludirla trae consigo el sometimiento al goce, se acepta las imposiciones del Otro, asumir la verdad implica darle rienda al deseo e insurreccionarse. El psicoanálisis y el marxismo han demostrado en su práctica que el sujeto puede vivir engañado toda su vida, sobre aspectos esenciales de la vida social y privada, desconociendo que es un sujeto, que puede contribuir a cambios sustanciales al interior de la sociedad, después de asumir la verdad, han propiciado cambios transformadores al interior de sí mismo y en la realidad, la verdad implica desafiar al goce.
En la medida que una clase hegemónica logra articularse con la sociedad civil se mantiene un orden establecido. Para Gramsci toda sociedad entra
en crisis y son las revoluciones las que vienen a resolver el conflicto histórico. Lo más importante es el triunfo de la verdad en el campo político no dentro del militar, debido a que se crean nuevas prácticas políticas que legitiman el nuevo orden.
En la actualidad la hegemonía transforma la verdad en sevicia, es una verdad que no le interesa reparar el daño causado, sino eximir a la élite de su responsabilidad y fomenta la repetición de transgresiones (Sanmiguel, 2016). Es decir, es una verdad que falta la verdad. Los movimientos contrahegemónicos deben asumir la verdad y debe influir en sus principios políticos para la transformación de la realidad, si no se asume la verdad, se estaría asumiendo como real lo que propone la hegemonía. Sin comprensión es imposible la indignación.
El acto no se trata solamente de tres momentos, el instante de ver, tiempo para comprender y momento para concluir, estos son insuficientes para comprenderlo. Después, viene luego un nuevo instante de ver, el momento de concluir donde el tiempo para comprender es igual a cero, si no es igual a cero, el sujeto se pierde en un tiempo para comprender infinito (Lacan, 1966/1980). Todo acto lleva al sujeto a volverse en objeto de la verdad, en el acto mismo no hay sujeto, no obstante, lleva a su liberación. El paso al acto es montar una escena para que el sujeto sea objeto de la verdad y consiga su liberación. La verdad es una revelación que tiende a abrirse paso.
La verdad no es algo que se posea, ni se crea con caudillos, sino se produce con la integración de todos los saberes que le confieren a los principios revolucionarios. Es un reconocimiento que los sujetos le hacen a través de la práctica, la verdad contiene al saber en su estructura. El psicoanálisis y el marxismo tienen muchos aspectos en común. El psicoanálisis busca que el sujeto se encuentre en otra posición frente a la verdad (Lacan, 1966/1980), se espera que logre ver más allá de las imposiciones, en ese sentido el psicoanálisis es revolucionario. El marxismo busca la emancipación del sujeto, a través de la verdad para transformar la sociedad, además revela la contradicción en la que se encuentra la sociedad y promueve la rebelión de las masas por un mundo mejor.
El capital se ha beneficiado, reafirmándose en las crisis, el modelo de producción no ha cambiado, solo se han dado más beneficios adquisitivos a los obreros. Se produce solo para consumir, para lograr una verdadera transformación, se deben cambiar los modelos de producción y consumo, que sigan una lógica propia y no impuesta por el modelo neoliberal. Algunas de las crisis sociales generadas por los movimientos alternativos se deben a que el sujeto consume excesivamente y luego hay una ausencia de productos, debido a que los acaparó y desperdició. Al elevar el poder adquisitivo, el sujeto puede adquirir más mercancías que le proporcionan un goce que lo atan a un mundo feliz y el viejo orden político sigue igual. La revolución no trata de conciliar el sistema sino de transformarlo.
El concepto actual de libertad, se soporta en la capacidad de compra que tenga el individuo y la posibilidad de comprar, en este sentido, los únicos libres son las personas adineradas. En los países en los que el sujeto no pueda comprar algo, se les considera como represores, por lo tanto, no importa el modelo político con el que se organice el país, si al interior de su sociedad no hay impedimentos para comprar, el país será calificado como libre. Cuando en un país, no cambian los modelos de producción, sigue existiendo la explotación del hombre por el hombre y se intenta volver más amistoso al capitalismo, equivaldrá a lo mismo que viva en un país capitalista a un “socialista del siglo XXI”, aunque tengan contextos culturales diferentes, la hegemonía y el capital dominaran la vida del sujeto. Se obedece al viejo orden, esto es lo que origina las crisis.
La revolución no depende de un cambio de padre para transformarlo en amo, no hay un sujeto del supuesto saber, se trata de un proceso colectivo, una lucha por la nueva hegemonía donde se acepte la diversidad y la subjetividad, la lucha por un nuevo orden depende de integrar los grupos marginados y aceptar las singularidades.
El concepto de libertad y obediencia se relacionan en la actualidad, el sujeto puede ejercer su libertad en la medida que el sistema lo apruebe,
tiene libertad para comprar y acumular, pero se le restringe su posibilidad de manifestarse en contra del sistema, además las instituciones regulan el goce, la posibilidad real de ejercer la libertad es desobedecer y obedecer a unos principios.
A los movimientos contra hegemónicos actuales se les ha olvidado ser anticapitalistas, parece que no pudieran vivir sin el goce proporcionado por las mercancías, asumen el imperativo de consumir impuesto por el capitalismo, para realmente transformar a la sociedad, es necesario abandonar los intentos fallidos de conciliación con el modelo político, el sistema se debe transformar.
El capitalismo ha establecido una relación de mutua dependencia con el modelo político actual que impide el surgimiento de nuevos modelos políticos, esto ha ocasionado que muchos individuos de la sociedad ataquen cruelmente a los nuevos desarrollos críticos. La idea o la persona son despojadas de su valor. Por lo tanto, la aparición de cualquier tendencia a buscar la verdad es atacada para imponer una superioridad moral en la sociedad e impedir nuevos avances en la transformación del modelo político.
El sujeto siempre se encontrará en la dualidad entre obediencia y rebeldía, a pesar, de vivir en la libertad está sometido a los mandatos del capitalismo. El síntoma, en especial el depresivo es una forma de rebelarse ante aquellas imposiciones, el inconveniente es que ese malestar le consume la subjetividad y lo anula. El síntoma es un grito de rebelión, inconsciente que cuestiona la posición del sujeto. En cambio, la rebeldía surge de la comprensión y crítica del momento histórico, pero se debe someter a los principios políticos y ser consecuente con ellos, es imposible ser rebelde sin ideas revolucionarias, sin ellas se estaría replicando lo mismo, cumplir con las imposiciones del goce.
Aunque el marxismo y el psicoanálisis no tengan los mismos campos de estudio, comparten el objetivo de transformar al sujeto dentro de la sociedad a partir de su historia, que el sujeto asuma la verdad. Ambas disciplinas operan con lo que tenga el sujeto. A partir de sus análisis evidencian como la hegemonía construye un mundo fantástico, donde cada sujeto es el centro del mundo, es libre e independiente, pero en realidad es un ser dominado por el consumo, donde su voz no es escuchada. Su única aspiración es vivir lo que le han impuesto.
La cuestión de la verdad en el marxismo y el psicoanálisis tiene bastantes similitudes, dado que se acepta que se acepta que no existe una verdad absoluta o única que responda los cuestionamientos de los sujetos. Lo más importante no es querer llegar a la verdad última, sino el deseo de conocerla, este deseo transforma el interés del sujeto por el conocimiento. La verdad se convierte en una práctica que a la vez puede ser transformada de acuerdo al momento histórico y así sucesivamente. De ahí la importancia de la Fe que el sujeto pone en su práctica. Sucede en la revolución, también en el consultorio, la verdad se construye, se emplea y se transforma.
La rebeldía es un intento de recuperar lo perdido, pero no logra cumplir su cometido. Cuando triunfa y se impone como un nuevo sistema de pensamiento, transforma la sociedad. Para que la revolución se imponga es necesario que se soporte con la verdad, una sociedad no se puede edificar sin un orden impuesto por la ley. La revolución es obediente a unas ideas, por eso es paradójica, desobedece al sistema anterior en especial sus normas, pero exige el sometimiento a las suyas. En una nueva etapa histórica, se espera que el sujeto se posicione de manera crítica frente a los mandatos culturales del momento, además de conocer más acerca de su subjetividad. Si esto sucede el psicoanálisis y marxismo tendrían la posibilidad de sobrevivir al siglo.
Con lo mencionado anteriormente, se hace evidente que la división entre pulsiones de vida y de muerte no existe, ya que en ocasiones las pulsiones de vida son de muerte y viceversa. La rebelión por un nuevo orden, puede ser vista como una imposición o una transformación de una nueva realidad. Considero que las pulsiones son el resultado de la sexuación del sujeto. En la actualidad la pulsión se reduce a la repetición, esa es la incongruencia en la que se encuentra el sujeto, dado que el goce lo ata a su realidad y reproduce la hegemonía actual, relegando su subjetividad al consumo.
Rebeldia e Obediência: Uma Dualidade Necessária
Resumo
Este artigo reflete sobre o paradoxo em que se encontram rebelião e obediência a partir das abordagens do marxismo e relaciona-as com ideias fundamentais da psicanálise. A partir daí, o autor critica o modelo político e económico, evidenciando o paradoxo atual em que o sujeito se encontra com seu gozo. Só a verdade liberta o sujeito das imposições do capitalismo e torna possível a rebelião. O artigo termina com uma crítica aos movimentos contra-hegemónicos.
Palavras-chave: Capitalismo, psicanálise, marxismo, obediência, rebelião.
Rebellion and Obedience: A Necessary Duality
Abstract
This article reflects on the paradox in which rebellion and obedience are found from the standpoint of Marxism and relates them to fundamental ideas of psychoanalysis. From there understanding, it makes a critique of the political and economic model, evidencing the current paradox in which subject finds himself with his jouissance. Only the truth offers the subject freedom from the impositions of capitalism, it allows him to rebel. The article ends with a critique of counterhegemonic movements.
Keywords: Capitalism, psychoanalysis, marxism, obedience, rebellion.